Abrahám Emilio
Emilio.
*Si hay un un verso mal tildado, un signo de puntuación o palabras mal conjugadas, avísenme por favor.
Hoy vi el hermoso rostro de tu hija
dueña de tu sonrisa y tus facciones,
pero se vuelven tripas corazones
el pasado que a mi alma, desvalija.
Parece ser tu reencarnación:
sus ojos tristes como de azucena
y el rostro claro de alba y de colmena
que en el ayer captaron mi atención.
Mas yo pienso que hubiera sido nuestra
sería mi princesa y mi fortuna,
sería el cuentacuentos en su cuna
o el que le hace papilla con menestra.
Sus trenzas largas, ¡ay!, hubieran sido
los lazos que atan nuestros corazones,
sus ojos nuestros cantos y emociones…
Una hija así contigo yo he querido.
Amarla por ser parte de mi barro
y la semilla que formó tu vientre…
y sea ese motivo que yo encuentre
en un mundo tan cruel y bizarro.
Cantar dichoso en cada cumpleaños,
y ser testigo de ver como crece;
mientras este cariño no decrece
ni con el recorrido de los años.
Esa niña que corre hasta tu falda,
le hubiera dado un ósculo en la frente;
llamaría al ratón si pierde un diente
diría: ¡caballito!, aquí en mi espalda.
Tan inocente como un querubín,
llevando entre sus manos su muñeca,
hubiera sido mi lunar su peca
y heredado tu boca flor carmín.
Me hubiese visto con amor genuino,
sería el héroe en su corazón.
Le prendería dulce inspiración
viva a totalidad de su camino.
Hoy contemplé a tu hija y sé que es tuya
tiene tus ojos, tiene tu sonrisa…
tiene heredado en ella suave brisa
angelical que al ánima le arrulla.
Yo que sollozo sin ningún motivo
(acaso por mis lúgubres enojos),
caigo abatido, triste en mis abrojos
sin remedio, sin nada, ni incentivo.
Si fuese mía, ¡ay!… Si fuese mía…
esa amalgama de agua azul y fuego,
si fuese esa ternura que rüego
para que sane mi melancolía.
Decidí no seguir tus horizontes,
yo jamás acepté tener tu amor…
hoy hubiera tenido tu fulgor
y tu afecto en las épocas bifrontes.
Yo hubiese mitigado todo llanto
y hasta mi muerte que hoy mismo pregono,
tu hija hubiera curado todo encono
y hubiera sido el gozo a mi quebranto.
Si hubiese sido mi pequeña niña
con sus muñecas y sus caramelos,
hubieran sido gozos mis desvelos
por ese amor que al ser tanto encariña.
Ella hubiera tenido mis dos manos,
de ella sería “Acosta” su apellido;
mi princesita hermosa hubiera sido
y el consuelo en mis pelos casi canos.
Esa niña que nunca será mía,
ni la razón para mi fortaleza…
yo veo en ella tu total belleza,
tus penas… nunca mi melancolía.
Mas hoy que veo este cariño inmenso:
tu niña y tu cariño maternal,
yo pienso en el cariño paternal
y en la utopía que llorando pienso.
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Extraído del Poemario Lo que el viento me enseñó: ¡Olvidar!
Todos los derechos Reservados.
Hoy vi el hermoso rostro de tu hija
dueña de tu sonrisa y tus facciones,
pero se vuelven tripas corazones
el pasado que a mi alma, desvalija.
Parece ser tu reencarnación:
sus ojos tristes como de azucena
y el rostro claro de alba y de colmena
que en el ayer captaron mi atención.
Mas yo pienso que hubiera sido nuestra
sería mi princesa y mi fortuna,
sería el cuentacuentos en su cuna
o el que le hace papilla con menestra.
Sus trenzas largas, ¡ay!, hubieran sido
los lazos que atan nuestros corazones,
sus ojos nuestros cantos y emociones…
Una hija así contigo yo he querido.
Amarla por ser parte de mi barro
y la semilla que formó tu vientre…
y sea ese motivo que yo encuentre
en un mundo tan cruel y bizarro.
Cantar dichoso en cada cumpleaños,
y ser testigo de ver como crece;
mientras este cariño no decrece
ni con el recorrido de los años.
Esa niña que corre hasta tu falda,
le hubiera dado un ósculo en la frente;
llamaría al ratón si pierde un diente
diría: ¡caballito!, aquí en mi espalda.
Tan inocente como un querubín,
llevando entre sus manos su muñeca,
hubiera sido mi lunar su peca
y heredado tu boca flor carmín.
Me hubiese visto con amor genuino,
sería el héroe en su corazón.
Le prendería dulce inspiración
viva a totalidad de su camino.
Hoy contemplé a tu hija y sé que es tuya
tiene tus ojos, tiene tu sonrisa…
tiene heredado en ella suave brisa
angelical que al ánima le arrulla.
Yo que sollozo sin ningún motivo
(acaso por mis lúgubres enojos),
caigo abatido, triste en mis abrojos
sin remedio, sin nada, ni incentivo.
Si fuese mía, ¡ay!… Si fuese mía…
esa amalgama de agua azul y fuego,
si fuese esa ternura que rüego
para que sane mi melancolía.
Decidí no seguir tus horizontes,
yo jamás acepté tener tu amor…
hoy hubiera tenido tu fulgor
y tu afecto en las épocas bifrontes.
Yo hubiese mitigado todo llanto
y hasta mi muerte que hoy mismo pregono,
tu hija hubiera curado todo encono
y hubiera sido el gozo a mi quebranto.
Si hubiese sido mi pequeña niña
con sus muñecas y sus caramelos,
hubieran sido gozos mis desvelos
por ese amor que al ser tanto encariña.
Ella hubiera tenido mis dos manos,
de ella sería “Acosta” su apellido;
mi princesita hermosa hubiera sido
y el consuelo en mis pelos casi canos.
Esa niña que nunca será mía,
ni la razón para mi fortaleza…
yo veo en ella tu total belleza,
tus penas… nunca mi melancolía.
Mas hoy que veo este cariño inmenso:
tu niña y tu cariño maternal,
yo pienso en el cariño paternal
y en la utopía que llorando pienso.
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Extraído del Poemario Lo que el viento me enseñó: ¡Olvidar!
Todos los derechos Reservados.
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