Lírico.
Exp..
El aplomo
Camino por la acera;
vuelvo del curro a casa;
voy a doblar la esquina
y allí está, agonizante
como una joya verde,
apenas palpitando
hacia la nada;
un verderón tendido
junto a una alcantarilla.
Me acerco con cuidado,
tratando de juzgar
la gravedad
de su porfía,
y, de súbito,
el pájaro se escurre
y cae
por
la
rejilla
sobre un mullido lecho de hojas muertas.
Y me da por pensar
que vivió siempre libre,
y va a morir ahora
en esta extraña jaula,
tal vez
comido por las ratas.
Al menos, morirá
bajo sus condiciones;
no se dejó tocar
igual que un hombre
de los de antes.
Ojalá tenga yo ese mismo aplomo
cuando me llegue el día
entre los días.
Camino por la acera;
vuelvo del curro a casa;
voy a doblar la esquina
y allí está, agonizante
como una joya verde,
apenas palpitando
hacia la nada;
un verderón tendido
junto a una alcantarilla.
Me acerco con cuidado,
tratando de juzgar
la gravedad
de su porfía,
y, de súbito,
el pájaro se escurre
y cae
por
la
rejilla
sobre un mullido lecho de hojas muertas.
Y me da por pensar
que vivió siempre libre,
y va a morir ahora
en esta extraña jaula,
tal vez
comido por las ratas.
Al menos, morirá
bajo sus condiciones;
no se dejó tocar
igual que un hombre
de los de antes.
Ojalá tenga yo ese mismo aplomo
cuando me llegue el día
entre los días.
Última edición: