Lírico.
Exp..
Las vecinas
No sé en qué piso viven
ni en qué planeta están,
pero suelo encontrarlas
bajando la basura.
Parecen ser hermanas;
siempre visten de negro;
pálidas, absortas, ven algo
que nadie puede ver,
o tal vez,
no vean nada,
como si abandonaran
alguna cueva de murciélagos.
Caminan lentas,
supongo que fundidas
por quién sabe qué fármacos.
Huelen a tienda
de mascotas, a caja
de grillos, algo
mustio. Musitan
palabras, me saludan
mirando al infinito.
A veces las he visto
paradas en la acera
frente a la clínica, observando
el tráfico, a la espera
de algo que no termina
jamás de aparecer.
Hoy estaban charlando
con el mecánico,
junto al portal. Pensaba
que no hablaban con nadie,
estas vecinas.
No sé qué esquizofrenia
las tiene encapsuladas
en su lento universo
de blanco y negro,
aunque sí sé
que no me importaría
probar lo que se toman,
alguna vez.
No sé en qué piso viven
ni en qué planeta están,
pero suelo encontrarlas
bajando la basura.
Parecen ser hermanas;
siempre visten de negro;
pálidas, absortas, ven algo
que nadie puede ver,
o tal vez,
no vean nada,
como si abandonaran
alguna cueva de murciélagos.
Caminan lentas,
supongo que fundidas
por quién sabe qué fármacos.
Huelen a tienda
de mascotas, a caja
de grillos, algo
mustio. Musitan
palabras, me saludan
mirando al infinito.
A veces las he visto
paradas en la acera
frente a la clínica, observando
el tráfico, a la espera
de algo que no termina
jamás de aparecer.
Hoy estaban charlando
con el mecánico,
junto al portal. Pensaba
que no hablaban con nadie,
estas vecinas.
No sé qué esquizofrenia
las tiene encapsuladas
en su lento universo
de blanco y negro,
aunque sí sé
que no me importaría
probar lo que se toman,
alguna vez.
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