Machiavelli
Poeta recién llegado
Espejo del arroyo
Próximo al calmado arroyo hay un sendero
que en una tarde negra, más bien tierna,
oscura como nubes de galerna,
vio mi anhelo fluir por un sumidero
Nunca olvidará el rostro plañidero
del joven que no era Duque de Lerma,
ni el pródigo que la noche gobierna,
sino un simple y moreno comunero
Pardos espejos de llanto bañados,
el río presenció vuestro reflejo;
lloró al ver ojos de agua engalanados
No solo vio los amores soñados,
pues también vería el rostro perplejo
del joven de amores abandonados
Las aguas de uno y de otro se mezclaban,
mientras que nuestro joven recordaba
aquel amor rubio; ¡cómo lloraba!
Los pájaros, muy serenos, trinaban
Recuerdos de ese estío se apreciaban,
muchos pasaban, solo uno flotaba;
el del doloroso amor se quedaba,
y las ninfas del río se acercaban
Quítate el ropaje negro que vistes,
que el amor, como estas aguas, va y viene;
que la vida es un elenco de chistes
Eso le dijo una, ¡qué días tristes!;
así pues, la pesadumbre que él tiene,
la olvidó, ¡gracias ninfa, por mí insistes!
Machiavelli