Llegó el momento

Lírico.

Exp..
Llegó el momento

Quizás llegó el momento
de deshacer el nudo
que el tiempo y su rutina
nos ciñe, imperceptible.

Para cuando queremos
dejar de ser nosotros
ya somos demasiado
un ritmo monocromo.

Quizás si los colores
de nuestras ilusiones
pintamos en un cuadro
de amor hacia el futuro,
podamos encontrarnos
menos determinados
por esos fotogramas
oscuros del recuerdo.

A veces uno siente
que el tiempo es un fruta
madura en su designio
de alimentar el alma.

Mas no nos atrevemos
a alzarnos y tomarla
del árbol con su sombra
que se transmuta en miedo.

A veces necesita
tomar un rumbo nuevo
la voz que nos acuna
entre el silencio nuestro.

Rompemos las amarras
del pensamiento, y cuando
zarpamos hacia el filo
de un límite difuso,
somos cielo en el cielo,
sangre sin sus cadenas,
sueños con que conversan
las horas sin recelos.

Hartémonos de mundo,
fatiguen nuestros ojos
el entramado hermoso
de la melancolía.

Acaso sin la fuerza
de un ánimo lisiado
por balas del cariño,
no habríamos de vernos
surcando estas quimeras.

Los dioses no perdonan
pero tampoco impiden
mirarnos en su espejo
de luna coronada
por brava fantasía.

Somos los herederos
del sentimiento ardido
con que cien mil gargantas
aceptan desafíos.

Seamos cuanto alberga
el digno escaparate
de música terrena
que vive por el arte.

Lancemos los colores
del hombre al imposible
futuro encaramado
en la pasión del canto.

Es tiempo de sentirnos
la lumbre sin motivo
que decorando nada
por nada desespera.

Sigamos la aventura
que abarca el infinito
para después sabernos
la rosa indeclinable
que el universo quiso.
 
Última edición:
Llegó el momento

Quizás llegó el momento
de deshacer el nudo
que el tiempo y su rutina
nos ciñe, imperceptible.

Para cuando queremos
dejar de ser nosotros
ya somos demasiado
un ritmo monocromo.

Quizás si los colores
de nuestras ilusiones
pintamos en un cuadro
de amor hacia el futuro,
podamos encontrarnos
menos determinados
por esos fotogramas
oscuros del recuerdo.

A veces uno siente
que el tiempo es un fruta
madura en su designio
de alimentar el alma.

Mas no nos atrevemos
a alzarnos y tomarla
del árbol con su sombra
que se transmuta en miedo.

A veces necesita
tomar un rumbo nuevo
la voz que nos acuna
entre el silencio nuestro.

Rompemos las amarras
del pensamiento, y cuando
zarpamos hacia el filo
de un límite difuso,
somos cielo en el cielo,
sangre sin sus cadenas,
sueños con que conversan
las horas sin recelos.

Hartémonos de mundo,
fatiguen nuestros ojos
el entramado hermoso
de la melancolía.

Acaso sin la fuerza
de un ánimo lisiado
por balas del cariño,
no habríamos de vernos
surcando estas quimeras.

Los dioses no perdonan
pero tampoco impiden
mirarnos en su espejo
de luna coronada
por brava fantasía.

Somos los herederos
del sentimiento ardido
con que cien mil gargantas
aceptan desafíos.

Seamos cuanto alberga
el digno escaparate
de música terrena
que vive por el arte.

Lancemos los colores
del hombre al imposible
futuro encaramado
en la pasión del canto.

Es tiempo de sentirnos
la lumbre sin motivo
que decorando nada
por nada desespera.

Sigamos la aventura
que abarca el infinito
para después sabernos
la rosa indeclinable
que el universo quiso.
Tiempo quedelata ese transcurrir humano, hoy en dia sin lucha
y sin cambios pues la sacudida de lo que nos rodea invade el
gorgoteo de la busqueda exacta. felicidades, meha gustado
mucho la intensidad de la obra. saludos de luzyabsenta
 

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