BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este constante desafecto
esta inyección de rimas con desaliento,
esta bifurcación de caderas de sal,
este dormir en la carretera.
Con kilómetros
de más.
Este ruido de cañerías
estas ventanas tristes y tristísimas
estos adjetivos sobrantes
estos elefantes dormidos en la brisa.
Esta averiguación sin digerir
esta formación de hilos de mar,
este estómago mugriento,
estas rodillas llenas de cal.
Esta vida sin pituitaria,
esta estufa sin estatua,
este boquete sin estalactita,
estos granos de azafrán.
Esta ventisca de aire
esta corriente de mar,
este mal aspecto, este pasar
sin afeitar.
Este apaño de boda,
este remiendo de horas,
este gitano sin borlas,
esta centrifugado de pipas.
Esta estación sin abandonar.
Este calcetín bordado,
este gitano sin doblegar,
este payo sin abanicar,
este ermitaño de la tabla
de multiplicar.
Este remendón sin aparentar,
este escolapio sin tonsura,
esta luna del pericardio,
este etc. sin más allá.
Esta torre de alta electricidad,
sin pájaros ni naves ni gomas
de borrar, este tren de malestares,
este suicidio sin enfermedad.
Esta estela del aire de tus zapatos,
estos andares de cerdo, este sarmiento
triste sin parar de temblar.
Este abono de garrafa,
esta plantación sin tiestos ni geranios,
este barbecho sin devastar,
este zumo de uva sin pisotear,
esta tienda de campaña sin alabarderos
ni limones en el olivar.
Esta flor muerta en las dársenas,
este cuerpo que se muere por un beso,
este asfaltado en los cráteres de la
voluntad, este volcán de carne sesuda.
Este hacer de la tristeza compañera,
este vino de la amargura en paz,
este enterramiento secreto y sin molestar,
esta bandera sepultada en los bares del puerto.
Este dormirse en cada estación
este vino y se fue sin pedir perdón,
esta piedad de trigo limpio y esta
camisa de camposanto y amistad.
Esta radiografía de pez muerto,
este renacuajo voraz, este odio sin interlocutor,
esta mañana sin radio ni despertador.
©
esta inyección de rimas con desaliento,
esta bifurcación de caderas de sal,
este dormir en la carretera.
Con kilómetros
de más.
Este ruido de cañerías
estas ventanas tristes y tristísimas
estos adjetivos sobrantes
estos elefantes dormidos en la brisa.
Esta averiguación sin digerir
esta formación de hilos de mar,
este estómago mugriento,
estas rodillas llenas de cal.
Esta vida sin pituitaria,
esta estufa sin estatua,
este boquete sin estalactita,
estos granos de azafrán.
Esta ventisca de aire
esta corriente de mar,
este mal aspecto, este pasar
sin afeitar.
Este apaño de boda,
este remiendo de horas,
este gitano sin borlas,
esta centrifugado de pipas.
Esta estación sin abandonar.
Este calcetín bordado,
este gitano sin doblegar,
este payo sin abanicar,
este ermitaño de la tabla
de multiplicar.
Este remendón sin aparentar,
este escolapio sin tonsura,
esta luna del pericardio,
este etc. sin más allá.
Esta torre de alta electricidad,
sin pájaros ni naves ni gomas
de borrar, este tren de malestares,
este suicidio sin enfermedad.
Esta estela del aire de tus zapatos,
estos andares de cerdo, este sarmiento
triste sin parar de temblar.
Este abono de garrafa,
esta plantación sin tiestos ni geranios,
este barbecho sin devastar,
este zumo de uva sin pisotear,
esta tienda de campaña sin alabarderos
ni limones en el olivar.
Esta flor muerta en las dársenas,
este cuerpo que se muere por un beso,
este asfaltado en los cráteres de la
voluntad, este volcán de carne sesuda.
Este hacer de la tristeza compañera,
este vino de la amargura en paz,
este enterramiento secreto y sin molestar,
esta bandera sepultada en los bares del puerto.
Este dormirse en cada estación
este vino y se fue sin pedir perdón,
esta piedad de trigo limpio y esta
camisa de camposanto y amistad.
Esta radiografía de pez muerto,
este renacuajo voraz, este odio sin interlocutor,
esta mañana sin radio ni despertador.
©
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