columpio rosa
Poeta asiduo al portal
Anoche te vi en mis sueños,
¿Acaso eso no es normal?
Poesía oscura y triste,
mi alma caminaba por las calles.
Así como buscándote,
con la esperanza a medio morir,
sabiendo que entre todas las posibilidades
la de no hallarte me aterraba.
La noche se volvía más tenebrosa,
mis miedos parecían alcanzarme.
Por tramos, me convencía a mi misma
de morirme de una vez.
Pero la ilusoria esperanza de que vendrías,
me mantenía de pie.
Gente, gente y más gente...
Caras que me importaban poco
y yo a ellos también.
¿En dónde estoy?
Mi espectro atormentado
sólo conseguía aterrarme.
Me encontraba asustada de mi
y de la bola de tristeza y oscuridad
en la que me había convertido.
De pronto, a lo lejos...
¡Un rostro! ¡Ese rostro!
No cualquiera,
el de siempre.
Llevabas las sonrisa leve,
el traje de músico,
el lunar en la cara
y esos ojos profundos
que repentinamente
hicieron clic con los míos.
Fue casi imposible no reconocernos,
la luz volvió por un instante,
sonreí.
Dos palabras nada más
y el tiempo se detuvo
pero ya era demasiado tarde.
El amor se vislumbraba lejano,
como un recuerdo enterrado.
Para entonces,
más lleno de olvido y
con nulo futuro.
Por fin comprendí,
que a veces no se arregla
lo quebrado.
¿Acaso eso no es normal?
Poesía oscura y triste,
mi alma caminaba por las calles.
Así como buscándote,
con la esperanza a medio morir,
sabiendo que entre todas las posibilidades
la de no hallarte me aterraba.
La noche se volvía más tenebrosa,
mis miedos parecían alcanzarme.
Por tramos, me convencía a mi misma
de morirme de una vez.
Pero la ilusoria esperanza de que vendrías,
me mantenía de pie.
Gente, gente y más gente...
Caras que me importaban poco
y yo a ellos también.
¿En dónde estoy?
Mi espectro atormentado
sólo conseguía aterrarme.
Me encontraba asustada de mi
y de la bola de tristeza y oscuridad
en la que me había convertido.
De pronto, a lo lejos...
¡Un rostro! ¡Ese rostro!
No cualquiera,
el de siempre.
Llevabas las sonrisa leve,
el traje de músico,
el lunar en la cara
y esos ojos profundos
que repentinamente
hicieron clic con los míos.
Fue casi imposible no reconocernos,
la luz volvió por un instante,
sonreí.
Dos palabras nada más
y el tiempo se detuvo
pero ya era demasiado tarde.
El amor se vislumbraba lejano,
como un recuerdo enterrado.
Para entonces,
más lleno de olvido y
con nulo futuro.
Por fin comprendí,
que a veces no se arregla
lo quebrado.
Nota:
Dicen que uno sólo escribe profundamente cuando se atraviesan sentimientos de tristeza o de amor y bueno pues: !Heme aquí¡ Con un poco o mucho de los dos.
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