Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Vengo de ver al psiquiatra,
ya me siento más tranquilo.
Dice que están todos locos,
que se instaló el sinsentido
a sus anchas y en el centro
de lo abstracto y lo conciso.
Dice que el interés manda
a un tanto por cien maligno;
ni la amistad se valora
ni el odio guarda un instinto.
Se quiere según antojo,
se odia por apetito.
Conversamos largo rato
de lo humano y lo divino,
del pecado que es saberse
en cierto modo distinto.
Que me perdonen los cuerdos
y los locos conocidos,
los aciertos que tuviera
y mis propios desvaríos.
Yo no me meto con naide,
que no se metan conmigo.
O que se metan, no importa,
que poco doy por perdido.
Tampoco doy por ganado
nada que no fuera mío,
que lo ajeno no me tienta
y del resto desconfío.
Vine de donde el psiquiatra,
me recetó ser yo mismo
y en parte que fuera otros;
voy a ver si lo consigo.
ya me siento más tranquilo.
Dice que están todos locos,
que se instaló el sinsentido
a sus anchas y en el centro
de lo abstracto y lo conciso.
Dice que el interés manda
a un tanto por cien maligno;
ni la amistad se valora
ni el odio guarda un instinto.
Se quiere según antojo,
se odia por apetito.
Conversamos largo rato
de lo humano y lo divino,
del pecado que es saberse
en cierto modo distinto.
Que me perdonen los cuerdos
y los locos conocidos,
los aciertos que tuviera
y mis propios desvaríos.
Yo no me meto con naide,
que no se metan conmigo.
O que se metan, no importa,
que poco doy por perdido.
Tampoco doy por ganado
nada que no fuera mío,
que lo ajeno no me tienta
y del resto desconfío.
Vine de donde el psiquiatra,
me recetó ser yo mismo
y en parte que fuera otros;
voy a ver si lo consigo.
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