charlie ía
tru váyolens
I: el impacto
el impacto fue
como si algo de repente interfiriera
en el amor emitido por la señal
de la radio,
reemplazándolo
con la abstracción de dos metales
que se convierten violentamente
en una sola cosa.
pobre tipa, me dije,
pegada al teléfono nerviosísima
con cara de que la misma vida
se le estaba yendo en todo aquello.
pero al otro lado de la línea
el miedo no se siente
igual que no podés sentir
lo que padecen los pobres
si vivís en las colinas
y no faltás a la cita social de las dos.
no. sus tetas de silicona
no amortiguaron el golpe,
pero eso ya no importa:
no tendrá que preocuparse nunca
por los que cruzan la frontera
ni por la raya obscena del abismo
desdibujada ahora de forma terrible
entre los restos del lodo
sobre el pavimento.
II: la suma
por regla general
últimamente solo te escribo poemas borracho,
que van más o menos
de nuestras circunstancias particulares del momento
y de lo que puedo llegar a observar
haciendo uso de los precarios sentidos
a los que hemos sido condenados
por nuestra hijoputez.
ahora te quiero escribir sobrio:
incluso y si ese adjetivo
fuese de la primera hasta a la última letra
una puñetera mentira,
como esa luz que atraviesa fugaz
las células fotorreceptoras. los árboles naciendo
de la última gota que llega a la raíz
como ondas de radio.
los desiertos agazapados dentro de
la longitud de la única grieta
como dos amantes en su primer motel.
también el mar picado
y la amenazadora fuerza del viento
que atiza bulliciosamente la medianoche.
todos ellos son mentira. mentira
el tren azul que sale anquilosado de el retiro
(que sale anquilosado de la radio).
el ave de la zombra,
el ojo,
y el coño profundo de la mediocridad:
la misma voz en off
que viene
del otro lado del abismo.
lo único verdadero
en esta existencia de los cojones
es la suma para la despensa
que vos y yo podemos hacer juntos;
sentados sobre una banquita fría de cemento,
que nos hemos encontrado abandonada a su suerte
y hemos aceptado así, como nuestra.
III: la idiotez
en el mercy hospital and medical center
de chicago, para los menos avispados
un cabrón entra con pistola en mano
como pedro por su casa,
tira a todo lo que se mueva dentro
y todos tan panchos al día siguiente.
life must go on, tienen los yanquis
en la punta de la lengua.
hasta a la señal
de la pantalla en buenos aires
llega la noticia
y yo me pregunto
qué putas tiene eso
de noticia
a estas alturas
de la noche.
el impacto fue
como si algo de repente interfiriera
en el amor emitido por la señal
de la radio,
reemplazándolo
con la abstracción de dos metales
que se convierten violentamente
en una sola cosa.
pobre tipa, me dije,
pegada al teléfono nerviosísima
con cara de que la misma vida
se le estaba yendo en todo aquello.
pero al otro lado de la línea
el miedo no se siente
igual que no podés sentir
lo que padecen los pobres
si vivís en las colinas
y no faltás a la cita social de las dos.
no. sus tetas de silicona
no amortiguaron el golpe,
pero eso ya no importa:
no tendrá que preocuparse nunca
por los que cruzan la frontera
ni por la raya obscena del abismo
desdibujada ahora de forma terrible
entre los restos del lodo
sobre el pavimento.
II: la suma
por regla general
últimamente solo te escribo poemas borracho,
que van más o menos
de nuestras circunstancias particulares del momento
y de lo que puedo llegar a observar
haciendo uso de los precarios sentidos
a los que hemos sido condenados
por nuestra hijoputez.
ahora te quiero escribir sobrio:
incluso y si ese adjetivo
fuese de la primera hasta a la última letra
una puñetera mentira,
como esa luz que atraviesa fugaz
las células fotorreceptoras. los árboles naciendo
de la última gota que llega a la raíz
como ondas de radio.
los desiertos agazapados dentro de
la longitud de la única grieta
como dos amantes en su primer motel.
también el mar picado
y la amenazadora fuerza del viento
que atiza bulliciosamente la medianoche.
todos ellos son mentira. mentira
el tren azul que sale anquilosado de el retiro
(que sale anquilosado de la radio).
el ave de la zombra,
el ojo,
y el coño profundo de la mediocridad:
la misma voz en off
que viene
del otro lado del abismo.
lo único verdadero
en esta existencia de los cojones
es la suma para la despensa
que vos y yo podemos hacer juntos;
sentados sobre una banquita fría de cemento,
que nos hemos encontrado abandonada a su suerte
y hemos aceptado así, como nuestra.
III: la idiotez
en el mercy hospital and medical center
de chicago, para los menos avispados
un cabrón entra con pistola en mano
como pedro por su casa,
tira a todo lo que se mueva dentro
y todos tan panchos al día siguiente.
life must go on, tienen los yanquis
en la punta de la lengua.
hasta a la señal
de la pantalla en buenos aires
llega la noticia
y yo me pregunto
qué putas tiene eso
de noticia
a estas alturas
de la noche.