Adorado y perdido

D.Aquario

Poeta recién llegado
Espíritu verde de longeva juventud,
Tú, que como nadie has echado raíces en el cielo,
Que has abrazado la oscuridad más profunda,
Y presentado tu valor a los ojos de un calido patriarca.

Sirviente de la madre dormida,
Lactante de su más recondita bendición,
Eres la mano que nos acoge y nos guarda,
Y el mago que deslumbra en el estío.

Ah, compañero preocupado.
Nos hemos conocido bajo miles de rostros efímeros,
Testigos prematuros de un destino entrelazado.

Guardé en tu piel marcas imborrables,
Replicas seriales de mis propio daños,
Vestigios ya olvidados de una tarde eterna de verano,
De una mano indolente,
De un grito cansado.
Signos de un pasado profano y sin embargo inocente,
La risa cortaba las comisuras,
La canción del sol en tu verde...

La niñez que miraba el mar en el brillo de hojas,
Y la divina tentación del viento acariciando mi pelo entre tus ramas.

Hoy que busco y no te encuentro,
El navío imaginario en el que me acogiste,
En el que aprendí a amar el cielo,
Ahora es un recuerdo inalcanzable
Vano como mis palabras tardias de aprecio.
 
Espíritu verde de longeva juventud,
Tú, que como nadie has echado raíces en el cielo,
Que has abrazado la oscuridad más profunda,
Y presentado tu valor a los ojos de un calido patriarca.

Sirviente de la madre dormida,
Lactante de su más recondita bendición,
Eres la mano que nos acoge y nos guarda,
Y el mago que deslumbra en el estío.

Ah, compañero preocupado.
Nos hemos conocido bajo miles de rostros efímeros,
Testigos prematuros de un destino entrelazado.

Guardé en tu piel marcas imborrables,
Replicas seriales de mis propio daños,
Vestigios ya olvidados de una tarde eterna de verano,
De una mano indolente,
De un grito cansado.
Signos de un pasado profano y sin embargo inocente,
La risa cortaba las comisuras,
La canción del sol en tu verde...

La niñez que miraba el mar en el brillo de hojas,
Y la divina tentación del viento acariciando mi pelo entre tus ramas.

Hoy que busco y no te encuentro,
El navío imaginario en el que me acogiste,
En el que aprendí a amar el cielo,
Ahora es un recuerdo inalcanzable
Vano como mis palabras tardias de aprecio.

Lo disfruté, que más se dice. Me.encanta.
 

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