Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con toda impiedad transcurre el día
y el miserable del crepúsculo aún espera
que una corriente del Ebro, del Támesis
o del Nilo, concurran a la cita de parejas
que con sus pasos los bordean.
El solitario no contiene sus lágrimas,
lágrimas que manchan de nostalgia
sus zapatos.
Un imaginario explica con sensatez que
a un recién nacido se lo extrae de las patas.
En la ochava del Umbral alguien acecha,
si reconoces su nombre nunca será anónimo,
El se arrodilla y otra figura, a la vera del río,
aguardará la próxima brisa.
La quietud de la superficie alude a la virginidad
así nace del cielo el huevo sideral.
Así entrega la mujer el placer carnal.
Luego los ruegos suben copiosos
y en lugar de volar, de irse, chasquean
gotas apagadas por el viento feraz,
chasquean, chasquean dando besos a la
tierra con lenguas bífidas, partidas...
y el miserable del crepúsculo aún espera
que una corriente del Ebro, del Támesis
o del Nilo, concurran a la cita de parejas
que con sus pasos los bordean.
El solitario no contiene sus lágrimas,
lágrimas que manchan de nostalgia
sus zapatos.
Un imaginario explica con sensatez que
a un recién nacido se lo extrae de las patas.
En la ochava del Umbral alguien acecha,
si reconoces su nombre nunca será anónimo,
El se arrodilla y otra figura, a la vera del río,
aguardará la próxima brisa.
La quietud de la superficie alude a la virginidad
así nace del cielo el huevo sideral.
Así entrega la mujer el placer carnal.
Luego los ruegos suben copiosos
y en lugar de volar, de irse, chasquean
gotas apagadas por el viento feraz,
chasquean, chasquean dando besos a la
tierra con lenguas bífidas, partidas...