Palpita serena en mi vientre
otra vez.
Hoy no es un corazón pequeño,
ajeno al mío
el que mueve mi alma.
Ahora es
mi propio centro el que habla.
Mi cuerpo
ha escudado mi voz,
ha oído todos sus latidos,
todos sus silencios,
sus llantos indecisos
y la sonrisa
que por todos los poros me entra.
El dolor de mi cintura
para casi de inmediato
todos mis esfuerzos.
El maullido mimoso de la gata
detiene con gusto
mi quehacer.
El limonero
con sus siete limones pendientes
me saca al sol un rato.
Mis ansias de tus caricias
ya no tienen barreras.
Ningún pensamiento
entorpece el espacio
entre tu y yo.
Y tu
de dócil manejo para eso,
te dejas llevar casi siempre
hacia toda esperanza
puesta en un cuerpo de mujer,
rodeada de sueños,
caricias
y todas las palabras.
otra vez.
Hoy no es un corazón pequeño,
ajeno al mío
el que mueve mi alma.
Ahora es
mi propio centro el que habla.
Mi cuerpo
ha escudado mi voz,
ha oído todos sus latidos,
todos sus silencios,
sus llantos indecisos
y la sonrisa
que por todos los poros me entra.
El dolor de mi cintura
para casi de inmediato
todos mis esfuerzos.
El maullido mimoso de la gata
detiene con gusto
mi quehacer.
El limonero
con sus siete limones pendientes
me saca al sol un rato.
Mis ansias de tus caricias
ya no tienen barreras.
Ningún pensamiento
entorpece el espacio
entre tu y yo.
Y tu
de dócil manejo para eso,
te dejas llevar casi siempre
hacia toda esperanza
puesta en un cuerpo de mujer,
rodeada de sueños,
caricias
y todas las palabras.