Halcon 0
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aún hoy en mi memoria
persiste el recuerdo
de mi abuela Ascensión.
Sus cabellos pintaban
de blanco sus sienes
como cataratas de escarcha
y las arrugas surcaban
su delicado rostro.
Yo entonces era un niño
y ella quien calmaba
todos nuestros anhelos
Eran tiempos difíciles,
años de posguerra,
trabajos duros
y tiempos de dura lucha
y miserias
Un vínculo familiar los unió,
y en aquellos tiempos,
una dispensa papal,
hizo realidad el sueño
de aquella joven
que con el herrero
del pueblo se casó
Tintinear de martillos
en la fragua,
música del acero,
que ya desde bien temprano
de la mañana
en ella se escuchaban.
Y el murmullo de los presentes
cuando sus hermosas hijas,
a lavar la ropa,
al caño marchaban
Recuerdo aquel corredor,
lleno de mazorcas de maíz
que amontonadas al sol secaban.
Y a mi abuela
que con el ceño risueño
a su esposo esperaba.
Y como este
después de cenar,
los chismes y habladurias
del pueblo,
que los hombres
en la fragua hablaban,
a todos nos comentaba
Aquellas veladas nocturnas
en las que al calor de la hoguera,
en la escañeta de la cocina
todos se sentaban.
Contemplando el fuego
y contando historias de lobos,
que se habían visto vagar
por las huertas cercanas.
Cuentos que sobre todo
a los mas pequeños,
con ojos abiertos como platos,
les atemorizaban
Recuerdo también
aquellas fiestas de Agosto,
en que todos vestían sus
mejores galas
y a la iglesia acudían,
para darle las gracias
a la Virgen
por su sustento, la salud
y el pan de cada día.
Pidiéndole con oraciones
que nunca les abandonara
Devota cristiana
entregó a una de sus hijas a Dios.
Con quince años
partir a Brasil la vio.
Su vocación y las Madres
Agustinas
a las Misiones la enviaron
para hacer el bien
a tantos pobres
y necesitados
Fue una gran luchadora
y a todos sus hijos dio
buenos consejos,
dejando su huella en ellos
con su vida y su ejemplo
Hasta aquel día
que su voz quedó rota.
A sus 63 años,
se quebraron sus sueños
y su cerebro dijo basta.
Dios de nuestro lado
nos la arrebataba
llamándola a su encuentro
aquella mañana
Su destino puso
el punto final a su vida,
pero nos quedó su imagen,
su amor y su cariño
y el sonido de su voz
que siempre perdurará
en el alma de aquel niño
Sus sueños no se acabaron
con su marcha.
No pudo ver en lo que hoy
se han convertido
sus hijos y nietos,
pero de seguro que estará feliz
cuando bastantes años después,
mi abuelo fue a buscarla
al cielo,
y desde allí nos cuidan
hasta que nos reunamos
todos con ellos
.....de un halcón que no olvida
16/12/2018
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