¡Qué lejos la pasión de la ternura!
¡Qué ciegos los ojos del que mira!
Es solo por tu cuerpo que delira,
nada le importas, frágil criatura.
Querrá sacar partido a tu hermosura
con la vana promesa y la mentira,
un proxeneta infame que conspira
para labrar tu eterna desventura.
Te quiebran por placer y sin piedad
y es tras esa abertura, en la oquedad,
escapan blancas nubes por tu herida.
Y en tu tristeza azul de malquerida,
tan solo una plegaria silenciosa:
ser vuelo en libertad, de mariposa.
Este poema es en defensa de las jóvenes cuya belleza las expone a ser captadas con engaños amorosos, por redes mafiosas que las esclavizan, y en ese mundo se rompen y se pierden para siempre.
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