Manolo Martínez
Poeta fiel al portal
Sé que llegué tarde y que la vida no vuelve
como no vuelven las golondrinas en este cielo de enero,
ni las aguas del río ni esos días de ti.
Sé que llegué tarde y que aquella plaza ya no existe;
no está la calesita ni la gruta de la Virgen,
ni el arbolito marcado con nuestros nombres en niños.
Sé que llegué tarde y nadie me lo supo explicar:
que viajaste con tus padres, que te fuiste a estudiar…
y yo me quedé esperando, esperando, esperando...
¡Se fueron ya tantos años!
Mi existencia quedó a medias,
mi pobrecita alma a medias, mi cuerpo a medias,
mi corazón hecho pedazos, el pobre también a medias.
Aunque procuré buscarte, nunca me fue suficiente.
Sé que llegué tarde y sólo me resta pensarte:
rodeada de hermosos niños, un hombre bueno a tu lado,
tu mesa adornada de flores y domingos de amor y familia…
El destino es irrefutable:
en soledad envejezco, a veces mirando fútbol,
también encanezco, y porque no,
poquito a poco, enloquezco…
Los domingos paseo por el parque
y en el inmenso lago doy de comer a los patos;
lavo mis prendas, cocino algo rico,
y limpio un cuadrito viejo del Corazón de Jesús.
Ahhh, a mi mesa la adorno con jazmines,
mi vaso, mi plato, y una foto de diez por veinte
de cuando éramos jóvenes.
Sé que llegué tarde, muy tarde…
Hasta a veces me confundo y sin querer te espero.
Sé que llegué tarde:
sólo me resta olvidarte…
como no vuelven las golondrinas en este cielo de enero,
ni las aguas del río ni esos días de ti.
Sé que llegué tarde y que aquella plaza ya no existe;
no está la calesita ni la gruta de la Virgen,
ni el arbolito marcado con nuestros nombres en niños.
Sé que llegué tarde y nadie me lo supo explicar:
que viajaste con tus padres, que te fuiste a estudiar…
y yo me quedé esperando, esperando, esperando...
¡Se fueron ya tantos años!
Mi existencia quedó a medias,
mi pobrecita alma a medias, mi cuerpo a medias,
mi corazón hecho pedazos, el pobre también a medias.
Aunque procuré buscarte, nunca me fue suficiente.
Sé que llegué tarde y sólo me resta pensarte:
rodeada de hermosos niños, un hombre bueno a tu lado,
tu mesa adornada de flores y domingos de amor y familia…
El destino es irrefutable:
en soledad envejezco, a veces mirando fútbol,
también encanezco, y porque no,
poquito a poco, enloquezco…
Los domingos paseo por el parque
y en el inmenso lago doy de comer a los patos;
lavo mis prendas, cocino algo rico,
y limpio un cuadrito viejo del Corazón de Jesús.
Ahhh, a mi mesa la adorno con jazmines,
mi vaso, mi plato, y una foto de diez por veinte
de cuando éramos jóvenes.
Sé que llegué tarde, muy tarde…
Hasta a veces me confundo y sin querer te espero.
Sé que llegué tarde:
sólo me resta olvidarte…
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