kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para que esta ola del mar acabe en mis pies
tuvo que pasar todo lo que pasó en el mundo
desde su origen.
Juan Luis Mora
tuvo que pasar todo lo que pasó en el mundo
desde su origen.
Juan Luis Mora
LA GEOMETRÍA DE LA TORPEZA
Como en un cuadro de Mondrian
vamos cruzando nuestras propias líneas de universo
con las del resto de las partículas humanas.
Lo realmente penoso es aceptar
la ausencia de aquellas almas
con las que ya no tendrás la oportunidad
de cruzarte.
Resulta desolador, por ejemplo,
que en el extremo del alambre
que perteneció a mi padre
—y que llega hasta el mismo borde del mar—
ya nunca estará él con su gabán y su sombrero.
Quedarán, como siempre, las mudas gaviotas
y la gravedad del hierro en el horizonte,
¡pero ya no estará él!,
tan solo el borne evocador de su alambre
posado sobre la misma roca
que una tarde vio partir
la ceniza de su tiempo.
Y a pesar de este cielo repleto de cruces,
seguimos siendo torpes, ¡qué torpes!,
con aquellos cruces que se cortan.
Con la indolencia de aquel meteorito que cayó en el Yucatán
mandándolo todo a la mierda,
saludé el otro día, por ejemplo, a esa mujer
con la que atravesé
el horizonte de sucesos de mi ombligo.
Pero no hay forma de corregir esta torpeza
por mucho que generación tras generación
vayamos siendo, y esto es bello,
más y más deudores de la improbabilidad
de nuestra existencia.
Si hace siete millones de años
la mona africana
no se hubiera follado al mono aquella tarde
junto a la cascada de una selva Ugandesa
no estaríamos hoy aquí siendo quienes somos.
A su vez, aquellos monos, eran deudores
de cuando el espacio abrió sus párpados
ante el fecundo silencio
de aquel colosal golpe de luz.
¿Y qué decir de la nada?, ¡maldita sea!,
¿de quién heredó su poder la nada?
Vamos…, que somos un puto milagro,
y, aun y todo, perseveramos
en seguir siendo torpes, ¡qué torpes!,
con aquellos cruces que se cortan.
Esta tarde la flecha escarlata de unas aves
atravesaba el cielo de Madrid,
mientras un avión repleto de monos con tableta
eyaculaba sobre el cuerpo geométrico de las grullas.
Y así, cruzando la calle,
con la mirada fijada en el cielo,
me despertó el chillido bestial de un coche
y el suspiro de una fumata blanca
se elevó
a un solo palmo de mi alma de gato.
Y es que siempre fuimos torpes, ¡qué torpes!,
con los cruces que se cortan,
sin ser malos del todo, por ejemplo,
explorando la geometría de las grullas en el cielo,
sin ser malos del todo, en definitiva,
con aquellos cruces
que se cruzan.
Kalkbadan
En Madrid, a 13 de enero de 2019
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