Lilith libre
Poeta recién llegado
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*
Bajo el altar de estaño y plomo de la tarde
se derrite el tiempo
a medida que la lluvia
traspasa los límites del bosque
en el que, fugaz, se adivina
una mirada dibujando soledades, vacíos y cegueras;
una vaca sin estómago que baila
mientras rumia el pasto negro del asfalto...
Las gotas estallan como galaxias microscópicas
abriendo surcos de vida,
proyectando su energía;
las aves peregrinas
en un adiós profundo
navegan rasgando el plomo .
Un pájaro muerto sonríe
desde las sombras,
la mueca del otoño
se desgaja lentamente de su pico.
una lechosa lágrima tras otra
se diluyen en el silencio
como si la materia misma
se hubiese vuelto ajena a los disparos
que hoy anuncian una tragedia anónima más
en este anónimo suburbio
donde nada vale nada
y todo cae por su propio peso.
Las manos se detienen,
los cuerpos caen,
la sangre se escurre hasta la alcantarilla
y el viento todo se lo lleva tras de sí.
El trigo yace amansado por el hombre
y el maiz tiembla sucumbido ante su pronto desarraigo .
Lloran perlas de nacar en collares enlazados sobre las flores silvestres.
Tomillo cela a romero con su aroma tan intenso.
Otoño pinta los campos,
pinceles enciendan cielos.
Y en mitad de la tormenta
donde nacen los escombros
todavía crecen verdes
las matas de verbena
que, ajenas a toda esta miseria, tan suya,
tan tuya y mía,
tan nuestra y
tan humana...
comienzan a jugar
y, entre ellas, entonan su canción:
Y las hojas como filos de navajas ,
cortan el viento , hacen su trabajo.
Alfombras teñidas de vida , escarabajos de metalicas armaduras ,
gusanos aprovechan las últimas hambrunas.
Y los caballitos del diablo
danzan eróticos lamiendo las orillas,
besando la punta de los juncos.
"Detente, tiempo, detente
y clava tu aguijón certero.
Detente, tiempo, detente,
ya sea en septiembre o febrero"
Arden los ríos de ocaso,
vuelan las noches que van
cosidas unas a otras
en gasas de nube, hilván
por el aire dulce y frío
de otro amanecer sin pan.
Los días caen como calendarios antiguos,
sobre un octubre llorón.
Noviembre vestido de crisantemos y calabazas,
da paso a la muerte, engalanada de cal.
Lloran sus difuntos.
Pasa la vida , bien despacio
o bien deprisa
pero, pasa la vida.
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Bajo el altar de estaño y plomo de la tarde
se derrite el tiempo
a medida que la lluvia
traspasa los límites del bosque
en el que, fugaz, se adivina
una mirada dibujando soledades, vacíos y cegueras;
una vaca sin estómago que baila
mientras rumia el pasto negro del asfalto...
Las gotas estallan como galaxias microscópicas
abriendo surcos de vida,
proyectando su energía;
las aves peregrinas
en un adiós profundo
navegan rasgando el plomo .
Un pájaro muerto sonríe
desde las sombras,
la mueca del otoño
se desgaja lentamente de su pico.
una lechosa lágrima tras otra
se diluyen en el silencio
como si la materia misma
se hubiese vuelto ajena a los disparos
que hoy anuncian una tragedia anónima más
en este anónimo suburbio
donde nada vale nada
y todo cae por su propio peso.
Las manos se detienen,
los cuerpos caen,
la sangre se escurre hasta la alcantarilla
y el viento todo se lo lleva tras de sí.
El trigo yace amansado por el hombre
y el maiz tiembla sucumbido ante su pronto desarraigo .
Lloran perlas de nacar en collares enlazados sobre las flores silvestres.
Tomillo cela a romero con su aroma tan intenso.
Otoño pinta los campos,
pinceles enciendan cielos.
Y en mitad de la tormenta
donde nacen los escombros
todavía crecen verdes
las matas de verbena
que, ajenas a toda esta miseria, tan suya,
tan tuya y mía,
tan nuestra y
tan humana...
comienzan a jugar
y, entre ellas, entonan su canción:
Y las hojas como filos de navajas ,
cortan el viento , hacen su trabajo.
Alfombras teñidas de vida , escarabajos de metalicas armaduras ,
gusanos aprovechan las últimas hambrunas.
Y los caballitos del diablo
danzan eróticos lamiendo las orillas,
besando la punta de los juncos.
"Detente, tiempo, detente
y clava tu aguijón certero.
Detente, tiempo, detente,
ya sea en septiembre o febrero"
Arden los ríos de ocaso,
vuelan las noches que van
cosidas unas a otras
en gasas de nube, hilván
por el aire dulce y frío
de otro amanecer sin pan.
Los días caen como calendarios antiguos,
sobre un octubre llorón.
Noviembre vestido de crisantemos y calabazas,
da paso a la muerte, engalanada de cal.
Lloran sus difuntos.
Pasa la vida , bien despacio
o bien deprisa
pero, pasa la vida.