Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las cuencas de mis ojos tan abiertas
se deben al afán por no olvidarte
sin lágrimas capaces de llorarte
por calumnias tan duras como inciertas.
Han, mis manos, llamado a tantas puertas
en busca de una ayuda para hallarte
y tantos pasos di para encontrarte
que ya no soy capaz de más reyertas.
Toda infamia vertida en tu postura
solo puede acallarla tu presencia
acabando con tanta conjetura.
Y derrotado el vulgo en su conciencia
podré aplacar al menos su conjura
dejándolos cual chusma en evidencia.
se deben al afán por no olvidarte
sin lágrimas capaces de llorarte
por calumnias tan duras como inciertas.
Han, mis manos, llamado a tantas puertas
en busca de una ayuda para hallarte
y tantos pasos di para encontrarte
que ya no soy capaz de más reyertas.
Toda infamia vertida en tu postura
solo puede acallarla tu presencia
acabando con tanta conjetura.
Y derrotado el vulgo en su conciencia
podré aplacar al menos su conjura
dejándolos cual chusma en evidencia.
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