Asaeteadas por la insegura luz
de la zozobra
las palabras se refugiaron
bajo los adoquines ardientes,
desvalidas de los hombres
buscaron la paz entre las piedras.
Son su abrigo y su esperanza.
Las palabras dormidas.
Resuenan como golpes de mazo
las pisadas sobre el piso
despertando las palabras.
Los pasos de los antiguos dioses
afligidos por el tiempo
levantan los rústicos trozos de piedra.
Surgen de su trasdós las palabras
y con ellas la música y los colores
que, nítidos, las acompañan.
Porque cada palabra es una canción y un color
trozos de una sinfonía yacente
que el poeta es llamado a interpretar.
Surgen toda la gama de rojos
porque es la pasión quien la convoca,
desde el rojo blanco
hasta el mortecino cárdeno.
Nacen las aguas azules
y las glaucas melenas de las algas
y entre ellas náyades y tritones.
Vuelan los ojos del ónice
y sus colores antiguos.
Extrañas coloraciones de iris
que ya han visto todos los milagros.
Mis pasos levantan ecos
repeticiones de canciones fallidas
de colores no inventados.
Mis pasos por la avenida empedrada.
Como un chorro de fuego
o un surtidor de hielo
el magma que ha creado las palabras
me incita a deshacer
el tejido fractálico de las piedras.
Libres ya, los sonidos y los colores
se agrupan según querencias
todavía desconocidas por el hombre.
Recuperan los ritmos antiguos de los griegos
danzan en las retinas casi ciegas
con deslumbres poderosos
que hacen vibrar los viejos significados.
Palabras.
Ocultas bajo las piedras,
liberadas ya de su prisión
húmedas todavía
como frescos retoños de alimentos del alma
las palabras se solazan
y buscan la compañía del poeta.
Bajo el árbol umbroso
de la plaza
el músico y el poeta
convocan a las gentes llanas.
Como heraldos de alas brillantes
quieren anunciar la buena nueva
quieren que todos conozcan
que ha nacido la Nueva Palabra.
Ilust.: Agustín Lazo.- "La bella y la Bestia."
de la zozobra
las palabras se refugiaron
bajo los adoquines ardientes,
desvalidas de los hombres
buscaron la paz entre las piedras.
Son su abrigo y su esperanza.
Las palabras dormidas.
Resuenan como golpes de mazo
las pisadas sobre el piso
despertando las palabras.
Los pasos de los antiguos dioses
afligidos por el tiempo
levantan los rústicos trozos de piedra.
Surgen de su trasdós las palabras
y con ellas la música y los colores
que, nítidos, las acompañan.
Porque cada palabra es una canción y un color
trozos de una sinfonía yacente
que el poeta es llamado a interpretar.
Surgen toda la gama de rojos
porque es la pasión quien la convoca,
desde el rojo blanco
hasta el mortecino cárdeno.
Nacen las aguas azules
y las glaucas melenas de las algas
y entre ellas náyades y tritones.
Vuelan los ojos del ónice
y sus colores antiguos.
Extrañas coloraciones de iris
que ya han visto todos los milagros.
Mis pasos levantan ecos
repeticiones de canciones fallidas
de colores no inventados.
Mis pasos por la avenida empedrada.
Como un chorro de fuego
o un surtidor de hielo
el magma que ha creado las palabras
me incita a deshacer
el tejido fractálico de las piedras.
Libres ya, los sonidos y los colores
se agrupan según querencias
todavía desconocidas por el hombre.
Recuperan los ritmos antiguos de los griegos
danzan en las retinas casi ciegas
con deslumbres poderosos
que hacen vibrar los viejos significados.
Palabras.
Ocultas bajo las piedras,
liberadas ya de su prisión
húmedas todavía
como frescos retoños de alimentos del alma
las palabras se solazan
y buscan la compañía del poeta.
Bajo el árbol umbroso
de la plaza
el músico y el poeta
convocan a las gentes llanas.
Como heraldos de alas brillantes
quieren anunciar la buena nueva
quieren que todos conozcan
que ha nacido la Nueva Palabra.
Ilust.: Agustín Lazo.- "La bella y la Bestia."