Llamaba queda
la voz del reloj,
pregonaban agua
sus viejas maderas,
su cara
siempre en movimiento,
marcaba el tiempo
en la callada sala.
El geranio asomaba
sus hojitas rojas.
Nada se movía
en medio de la terraza mojada.
Flotaba el agua en el aire
y el suelo de la calle brillaba.
Se rompía despacio el silencio
con las voces de los niños
que sin muchas ganas
Iván arrastrados al colegio.
Una sonrisa
escapaba de mi boca
recordando
los infinitos paseos
que mis hijos y yo dábamos.
Acabó sin añoranza
esa pequeña historia.
La lluvia se hizo transparente,
deseada
como cualquier mañana
de cualquier día.
Anego
todas mis células la vida,
sin saber cuando,
el agua
fructifico mi alma
igual que el sol,
y las madrugadas claras.
la voz del reloj,
pregonaban agua
sus viejas maderas,
su cara
siempre en movimiento,
marcaba el tiempo
en la callada sala.
El geranio asomaba
sus hojitas rojas.
Nada se movía
en medio de la terraza mojada.
Flotaba el agua en el aire
y el suelo de la calle brillaba.
Se rompía despacio el silencio
con las voces de los niños
que sin muchas ganas
Iván arrastrados al colegio.
Una sonrisa
escapaba de mi boca
recordando
los infinitos paseos
que mis hijos y yo dábamos.
Acabó sin añoranza
esa pequeña historia.
La lluvia se hizo transparente,
deseada
como cualquier mañana
de cualquier día.
Anego
todas mis células la vida,
sin saber cuando,
el agua
fructifico mi alma
igual que el sol,
y las madrugadas claras.