Languidece la noche, la alborada
disemina sus besos por Oriente
colmando una campiña floreciente
de cantos y de brisa perfumada.
Esparce su fulgor por la enramada
donde oculto entre sauces, la corriente
del río corre y salta alegremente
poniendo vida sobre mi mirada.
En silencio yo observo su alegría
elevándose al aire con ternura,
fresco y brillante a la quietud violeta...
Y siento que se ahoga el alma mía
con ecos de placer y de amargura
mientras el río airea su saeta.
Luis
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