La bohemia-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
A mí repentinamente se me había olvidado ser una persona concreta, capaz, realista, y verosímil. Se me olvidó renacer de mis cenizas como un pez sacrificado y vencer así, los latidos exactos de la desmemoria y del corazón sutilmente enajenado. Elegía los solemnes atrios y las galerías subversivas de la vida: redes convexas del daño que uno puede causarse a sí mismo. Se me había olvidado reptar por la existencia con mi carnet de identidad propio, se me olvidaba asistir a los lugares donde la gente solía hacerlo: cines, barrios de podredumbre, ignominia de los atriles donde los políticos concurren a exaltar su discurso estúpido y troglodita. Bares, cafeterías, restaurantes, bibliotecas, ayuntamientos, los sitios concurridos eran mi contrario, mi enemigo. Deseaba largamente sufrir el tedio de las gentes de provincia, allí donde no hay nada qué hacer, pensaba, no hay tampoco nada que aguardar ni nada por lo que conservar esperanza alguna, ilusiones repulsivas. Y así viví durante un tiempo.

Intentando olvidar y olvidarme en brazos de la nada más despectiva, en brazos de la amnesia y del estupor de la vida-.



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A mí repentinamente se me había olvidado ser una persona concreta, capaz, realista, y verosímil. Se me olvidó renacer de mis cenizas como un pez sacrificado y vencer así, los latidos exactos de la desmemoria y del corazón sutilmente enajenado. Elegía los solemnes atrios y las galerías subversivas de la vida: redes convexas del daño que uno puede causarse a sí mismo. Se me había olvidado reptar por la existencia con mi carnet de identidad propio, se me olvidaba asistir a los lugares donde la gente solía hacerlo: cines, barrios de podredumbre, ignominia de los atriles donde los políticos concurren a exaltar su discurso estúpido y troglodita. Bares, cafeterías, restaurantes, bibliotecas, ayuntamientos, los sitios concurridos eran mi contrario, mi enemigo. Deseaba largamente sufrir el tedio de las gentes de provincia, allí donde no hay nada qué hacer, pensaba, no hay tampoco nada que aguardar ni nada por lo que conservar esperanza alguna, ilusiones repulsivas. Y así viví durante un tiempo.

Intentando olvidar y olvidarme en brazos de la nada más despectiva, en brazos de la amnesia y del estupor de la vida-.



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Siempre, tu arte bien trabajado, propones excelentes lecturas... yo siempre he creído en la ilusión, amigo Ben, a pesar de tantas desilusiones. Un abrazo, feliz fin de semana.
 

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