charlie ía
tru váyolens
i
en guadalcanal
me avisan
de que la profundidad
de nuestro absurdo
ha cruzado la frontera
bajo la
clandestinidad.
que nuestros esfuerzos
acopiados durante meses
de noches jodidas
esperan ahora
dentro de una bodega cochambrosa.
sintonizo los canales yanquis
con la esperanza,
absurda como el hielo sin whisky,
de una conferencia de prensa
donde salgás vos diciéndole al mundo
que te valen verga
los contenedores
que he puesto en tu camino
para que no crucés.
ii
allí, un par de luces
descubren a las casas pobres
que brillan detrás de las palmeras.
aquí, el sonido del viento deslizándose
entre la espesura:
hacia la profundidad
del olvido.
hacia tus manos
que anidan el llanto
de los
que apenas conocen nada
acerca de su chabacana existencia.
que hurgan.
por supuesto que he percibido
que el puente que nos une
se ha partido en dos
como un relámpago
que raja la oscuridad de la noche.
pero vos sabés
que de chavalo
me gustaba observar los dibujos
de las casas de madera vieja sobre pilotes
en los libros de cuentos sumus
que me regaló mi madre,
imaginando el lacerante crujir de los tablones
debajo de mis pies.
como si yo mismo
fuese a caer
a través
de ellos
del mismo modo que un relámpago
entre la soledad de la selva.
me sentaba en el piso de su oficina
por las largas horas de la tarde
a contemplarlos
como muchos años después lo hice
para llorar a mis ex.
ya lo sabés: no escribiré los mismos
poemitas de verga
de aquella época.
número uno, porque ahora no falta el agua
tras haber tirado de chequera
para asegurarla
durante las veinticuatro horas.
dos. ahora solo me faltás vos
en esta zona de las zombras
para poder caer
tranquilamente
a través de los tablones.