7. Septimo

hunnie

Poeta novata, sarcástica y relativamente feliz.
Fingiendo ser la concha más vigorosa,
espero que un ambulante se fije en mí.
Escondo mi abominación para que me recoja
y me quiera adornar sin fin.

Mi caparazón es como ninguno.
Es capaz de resplandecer y desaparecer,
en un santiamén.
Sé que no me ven, se que no me escuchan.
Trato de que me elijan.
¡Oh! Pero son las otras conchas las escogidas.

Quebrándose bruscamente está mi caparazón.
Mi débil carne y mi tan blando corazón,
se queman a través de esas toscas roturas,
donde el sol me llena de rupturas.

Y al pie de este mar, cae la noche.
Solo quiero desaparecer en un profundo vacío,
y anestesiarme de sentir.
Dormitar eternamente en un gris templado,
sin ansiar en que dirección ir.

Ciegamente y sordamente deseo flotar,
sin preocuparme del futuro.
Ansío un oasis placentero,
que desnude mis miedos
y me abrace sin soltar.

¡Oh, mar!
Llévame en tus aguas.
Estoy cansada y desilusionada.
¡Destrúyeme! ¡Córtame!
¡Descuartízame!
Degolla mi ser.
Ya no encuentro coraje para terminar,
al igual que no encuentro el de continuar.

Entra la mañana, pulo mi corteza.
Junto mis fracturadas piezas,
para lucir mi frágil y pobre belleza.
Nadie me ve, nadie me escucha.
¿Qué irónica tragedia es esta?

Ambulantes... no piensen en mirarme.
No piensen en recogerme,
si ni siquiera pueden repararme.
Se los pido, por favor.
Solo olvídense de esta concha pendeja.
 
Fingiendo ser la concha más vigorosa,
espero que un ambulante se fije en mí.
Escondo mi abominación para que me recoja
y me quiera adornar sin fin.

Mi caparazón es como ninguno.
Es capaz de resplandecer y desaparecer,
en un santiamén.
Sé que no me ven, se que no me escuchan.
Trato de que me elijan.
¡Oh! Pero son las otras conchas las escogidas.

Quebrándose bruscamente está mi caparazón.
Mi débil carne y mi tan blando corazón,
se queman a través de esas toscas roturas,
donde el sol me llena de rupturas.

Y al pie de este mar, cae la noche.
Solo quiero desaparecer en un profundo vacío,
y anestesiarme de sentir.
Dormitar eternamente en un gris templado,
sin ansiar en que dirección ir.

Ciegamente y sordamente deseo flotar,
sin preocuparme del futuro.
Ansío un oasis placentero,
que desnude mis miedos
y me abrace sin soltar.

¡Oh, mar!
Llévame en tus aguas.
Estoy cansada y desilusionada.
¡Destrúyeme! ¡Córtame!
¡Descuartízame!
Degolla mi ser.
Ya no encuentro coraje para terminar,
al igual que no encuentro el de continuar.

Entra la mañana, pulo mi corteza.
Junto mis fracturadas piezas,
para lucir mi frágil y pobre belleza.
Nadie me ve, nadie me escucha.
¿Qué irónica tragedia es esta?

Ambulantes... no piensen en mirarme.
No piensen en recogerme,
si ni siquiera pueden repararme.
Se los pido, por favor.
Solo olvídense de esta concha pendeja.

Lo malo de vivir dentro de un caparazón, es que cuando se rompe (porque todo lo rígido tarde o temprano se fractura), no sabes qué hacer con tanta vulnerabilidad que había dentro...

Ya leí tu link, pero prefiero comentar aquí.
Saludos!

 
Lo malo de vivir dentro de un caparazón, es que cuando se rompe (porque todo lo rígido tarde o temprano se fractura), no sabes qué hacer con tanta vulnerabilidad que había dentro...

Ya leí tu link, pero prefiero comentar aquí.
Saludos!


Gracias bella :)
Es verdad no sabemos que hacer con tanta vulnerabilidad.
 
Lo malo de vivir dentro de un caparazón, es que cuando se rompe (porque todo lo rígido tarde o temprano se fractura), no sabes qué hacer con tanta vulnerabilidad que había dentro...

Ya leí tu link, pero prefiero comentar aquí.
Saludos!


También... me encantó la canción :)
 

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