Cris Cam
Poeta adicto al portal
Corbata
Tengo el mismo odio por las corbatas.
Que el que tengo por las gorras,
los borceguíes y las motos.
No me pondré jamás una corbata.
No dejaré de escupir al paso de un cana,
mercenarios del poder.
No dejaré de decir: “hay olor a mierda”,
al ver un cadete del Colegio Militar,
porque estudian para destruir y matar.
No dejaré de decirle “hijo de puta” a cada dueño de moto,
ya que lo hacía desde antes de las picadas en los cementerios
No voy a decir, Hermano Idiota,
drogadicto redimido,
que a los cincuenta hay que dejar de escuchar
The Doors, Viejas Locas y Rapshody,
para entonar Salmos de Alabanzas.
Pasa, Hermano Idiota,
que a mí también me la ofrecieron,
pero dije “No”,
sin dejar de escuchar a Zeppelin.
Pero mis principios,
parece a la luz de la historia,
fueron mas firmes,
que las torres del capitalismo.
No me vengas, patrón,
con tus amenazas de despido.
No será el único trabajo que pierdo para mantener mi dignidad.
Pero pasa, explotador coyuntural, que
mi estómago está tan lacerado del hambre de tus aliados
mi imaginación tan alta de volar en la piel de las vírgenes
Quedate con el dinero producto de tus expoliaciones.
Yo me quedaré con el calor de mis purezas.
No me pondré esa corbata que me regalaste.
Quizá la hayas usado mientras mentías en las reuniones de directorio.
O haya quedado al costado de una cama de hotel como tus amantes pecuniarias.
Los pobres no usamos corbatas.
No engañamos en los estrados.
No vestimos de campera en los sindicatos.
No cantamos el Himno con dólares en los bolsillos.
No me digan que clase de amor debo tener.
Yo que he buscado el amor de las fuentes.
Yo que he encontrado bocas fucsia de pies inmóviles.
Yo que he concebido, que he cuidado, que he perdido.
Yo que tengo los mismos sueños, los mismos proyectos,
que aquel de hace treinta años,
por perseverancia o por fracaso.
No me hablen de mis fracasos.
No me digan que no la ame;
que es nulo mi sueño.
¿Para que? Si ya lo sé.
Ella de zapatilla fresca.
Yo de zapatos humeantes.
Ella con el futuro en sus manos,
yo con la miseria golpeándome la puerta.
Ella de secretos recién entregados.
Yo con mi única moneda de oro,
entregada a una prostituta disfrazada de vestal.
Ella sin conocer los collares.
Yo rendido, muerto, disipado al aliento de sus inocencias.
Porque ya le dije a la muerte.
entregaré la nuca a su guadaña,
vistiendo mis jeans ajironados,
mi remera de hilo barato,
y la esperanza de un poema,
escrito por ella,
sólo para mí.
2002
Tengo el mismo odio por las corbatas.
Que el que tengo por las gorras,
los borceguíes y las motos.
No me pondré jamás una corbata.
No dejaré de escupir al paso de un cana,
mercenarios del poder.
No dejaré de decir: “hay olor a mierda”,
al ver un cadete del Colegio Militar,
porque estudian para destruir y matar.
No dejaré de decirle “hijo de puta” a cada dueño de moto,
ya que lo hacía desde antes de las picadas en los cementerios
No voy a decir, Hermano Idiota,
drogadicto redimido,
que a los cincuenta hay que dejar de escuchar
The Doors, Viejas Locas y Rapshody,
para entonar Salmos de Alabanzas.
Pasa, Hermano Idiota,
que a mí también me la ofrecieron,
pero dije “No”,
sin dejar de escuchar a Zeppelin.
Pero mis principios,
parece a la luz de la historia,
fueron mas firmes,
que las torres del capitalismo.
No me vengas, patrón,
con tus amenazas de despido.
No será el único trabajo que pierdo para mantener mi dignidad.
Pero pasa, explotador coyuntural, que
mi estómago está tan lacerado del hambre de tus aliados
mi imaginación tan alta de volar en la piel de las vírgenes
Quedate con el dinero producto de tus expoliaciones.
Yo me quedaré con el calor de mis purezas.
No me pondré esa corbata que me regalaste.
Quizá la hayas usado mientras mentías en las reuniones de directorio.
O haya quedado al costado de una cama de hotel como tus amantes pecuniarias.
Los pobres no usamos corbatas.
No engañamos en los estrados.
No vestimos de campera en los sindicatos.
No cantamos el Himno con dólares en los bolsillos.
No me digan que clase de amor debo tener.
Yo que he buscado el amor de las fuentes.
Yo que he encontrado bocas fucsia de pies inmóviles.
Yo que he concebido, que he cuidado, que he perdido.
Yo que tengo los mismos sueños, los mismos proyectos,
que aquel de hace treinta años,
por perseverancia o por fracaso.
No me hablen de mis fracasos.
No me digan que no la ame;
que es nulo mi sueño.
¿Para que? Si ya lo sé.
Ella de zapatilla fresca.
Yo de zapatos humeantes.
Ella con el futuro en sus manos,
yo con la miseria golpeándome la puerta.
Ella de secretos recién entregados.
Yo con mi única moneda de oro,
entregada a una prostituta disfrazada de vestal.
Ella sin conocer los collares.
Yo rendido, muerto, disipado al aliento de sus inocencias.
Porque ya le dije a la muerte.
entregaré la nuca a su guadaña,
vistiendo mis jeans ajironados,
mi remera de hilo barato,
y la esperanza de un poema,
escrito por ella,
sólo para mí.
2002