Está de dulce la tarde,
al cielo gris y violeta
el valle se va durmiendo
con aromas de pureza.
El aire es tibio y esparce
fragancias de madreselvas
en esta divina calma
que llega por las callejas
de un pueblo, que va cayendo
al son de la antigua queja
cantarina de la fuente
cuando golpea la piedra.
La tarde ya se ha dormido,
la luna viste de seda,
mi alma busca en el cielo
ese amor que aún no encuentra.
Tengo abierto mi balcón
en esta noche de estrellas,
la brisa dice palabras
que me llenan de tristeza.
Un silencio frío y húmedo
recala de la pradera
y va poniendo recuerdos,
sobre las cosas ya muertas.
Por el pueblo solitario,
la dulce luna platea
las calles y un aire trémulo
trae fragancias añejas.
Y está de dulce la noche
tan aromada y serena,
que mi alma tiene sed
de cosas tiernas y nuevas.
Cerraré el balcón despacio
pues la nostalgia ya llega
porque si pierdo un instante,
quizá yo marche con ella.
Luis
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