Visitas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Fui diciendo

a todo, adiós. Hijos que

no tuve, pensiones que no

visité, rectangulares iglesias

en donde no me casé. En secreto

nada compartido, me encerré,

como en un caserón, de perdidas

contraventanas. Ladrón de mi

propia vida, arranqué de cuajo

los postigos de mi salud. Me invité

a pasear por los lugares más insólitos

de mi juventud: pinares, ermitas,

solsticios de verano. Todo

en mi mano cabía. Mi cabeza

era un lujoso hotel lleno de confeti.

Y de espumas, y de caracoles vacíos,

y de huecos en las escaleras del ascensor.

Mi vida tembló, y supe que había muerto.

©
 
Fui diciendo

a todo, adiós. Hijos que

no tuve, pensiones que no

visité, rectangulares iglesias

en donde no me casé. En secreto

nada compartido, me encerré,

como en un caserón, de perdidas

contraventanas. Ladrón de mi

propia vida, arranqué de cuajo

los postigos de mi salud. Me invité

a pasear por los lugares más insólitos

de mi juventud: pinares, ermitas,

solsticios de verano. Todo

en mi mano cabía. Mi cabeza

era un lujoso hotel lleno de confeti.

Y de espumas, y de caracoles vacíos,

y de huecos en las escaleras del ascensor.

Mi vida tembló, y supe que había muerto.

©
Pinares, solticios, confetis, buena forma de estar muerto
 

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