Cris Cam
Poeta adicto al portal
Las tortugas
Es propiedad indeclinable de las tortugas esconderse en sus caparazones.
Salen a comer las hojas frescas las noches de plenilunio.
Se las escucha chillar de coitos aparatosos.
Pero jamás les ves los rictus satisfechos.
Cuando su pareja sucumbe en los lagos del olvido.
Hibernan por falta de oxígeno debajo de las hojarascas calcinadas.
Salen de excursión con la esperanza de ser aplastadas por los cascos de los caballos.
Pero acontece fatalmente un crecer de las marcas de sus hexágonos
Nadie se explica la razón de su persistencia.
Aunque son burladas por las patas de las liebres,
caminan lentamente al encuentro de los amaneceres.
Esperan diluvios de petróleo en cada transito de los cometas.
Les es difícil quitarse el traje de coraza.
Por eso no pueden frotarse los párpados humedecidos,
que parecen ojos de zafiros encendidos,
al ver como las serpientes reptadas de lujuria,
cambian sus pieles con aroma a rosas ensangrentadas.
Es propiedad indeclinable de las tortugas esconderse en sus caparazones.
Salen a comer las hojas frescas las noches de plenilunio.
Se las escucha chillar de coitos aparatosos.
Pero jamás les ves los rictus satisfechos.
Cuando su pareja sucumbe en los lagos del olvido.
Hibernan por falta de oxígeno debajo de las hojarascas calcinadas.
Salen de excursión con la esperanza de ser aplastadas por los cascos de los caballos.
Pero acontece fatalmente un crecer de las marcas de sus hexágonos
Nadie se explica la razón de su persistencia.
Aunque son burladas por las patas de las liebres,
caminan lentamente al encuentro de los amaneceres.
Esperan diluvios de petróleo en cada transito de los cometas.
Les es difícil quitarse el traje de coraza.
Por eso no pueden frotarse los párpados humedecidos,
que parecen ojos de zafiros encendidos,
al ver como las serpientes reptadas de lujuria,
cambian sus pieles con aroma a rosas ensangrentadas.