Cris Cam
Poeta adicto al portal
De ojos
No puedo definir tus pupilas.
Temor de verte profundamente el alma.
Para descubrir mis manos torpes,
de líneas antiguas.
Casi como retener en los brazos,
un bebe sucio de placenta,
temor de romperlo.
Y tus ojos,
que me dibujan poemas;
debajo de la camisa.
Tu mueca,
que me implora búsquedas,
de plumas en otros nidos.
Y tu sonrisa,
sin embargo, me retiene,
en una ronda sin azúcar.
¿De que se tratan estos ojos?
No he estado en Estambul, Beijing, ni Lisboa,
sólo he caminado mis pobres calles.
No me he trepado al Himalaya;
apenas ver el valle azul desde El Chorrillo.
No he combatido opresores entre las cañas,
pues me he despertado tarde de conciencias.
No he conocido mañanas de resaca,
siempre he podido oler la piel que me abrigó.
Y cuando manoteaba en mi charca roja,
desbordada de mi propia sangre,
herido de cielos celestes.
Cuando quería dormir la piel,
para abortarme el otoño,
(que es cuanto me queda)
para estrangularme el invierno,
(condena perpetua a soledad)...
...la luz... la poesía... tus ojos...
Tus ojos,
que es peligroso mirar,
que es pecado soñar.
No puedo definir tus pupilas.
Sólo saber que verlas daña.
Pero no verlas es la fría noche de la muerte.
No puedo definir tus pupilas.
Temor de verte profundamente el alma.
Para descubrir mis manos torpes,
de líneas antiguas.
Casi como retener en los brazos,
un bebe sucio de placenta,
temor de romperlo.
Y tus ojos,
que me dibujan poemas;
debajo de la camisa.
Tu mueca,
que me implora búsquedas,
de plumas en otros nidos.
Y tu sonrisa,
sin embargo, me retiene,
en una ronda sin azúcar.
¿De que se tratan estos ojos?
No he estado en Estambul, Beijing, ni Lisboa,
sólo he caminado mis pobres calles.
No me he trepado al Himalaya;
apenas ver el valle azul desde El Chorrillo.
No he combatido opresores entre las cañas,
pues me he despertado tarde de conciencias.
No he conocido mañanas de resaca,
siempre he podido oler la piel que me abrigó.
Y cuando manoteaba en mi charca roja,
desbordada de mi propia sangre,
herido de cielos celestes.
Cuando quería dormir la piel,
para abortarme el otoño,
(que es cuanto me queda)
para estrangularme el invierno,
(condena perpetua a soledad)...
...la luz... la poesía... tus ojos...
Tus ojos,
que es peligroso mirar,
que es pecado soñar.
No puedo definir tus pupilas.
Sólo saber que verlas daña.
Pero no verlas es la fría noche de la muerte.