De agujeros negros y efectos mariposa

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

DE AGUJEROS NEGROS Y EFECTOS MARIPOSA


Ayer les mostré a mis hijos esa primera fotografía de un agujero negro
y Lena, con el ceño muy fruncido, me preguntó
que si esa galaxia era la nuestra...
—¡Yo nunca me acercaré a los labios de ese monstruo! —dijo Lena.
—Yo no quiero vivir eternamente y ser el bocadillo de esa bestia… —añadió Mateo.
Vivir, simplemente vivir, por ejemplo, 100 años —remató Lena.
Y entonces, maldita sea, comprendí lo evidente,
esa teoría del todo que los adultos olvidan con los años
y que, sin embargo, los niños deshojan con su proverbial lucidez.

Y es que últimamente tengo la impresión
de que todos los semáforos de la avenida están en rojo
y de que los trenes han cerrado ya sus puertas
y los aviones, sin mí, están en la pista de despegue.
Últimamente se repite tanto últimamente
que ya no es últimamente sino siempre.
Llego tarde, llego siempre
cuando esa existencia en primera persona
ha precipitado al agujero negro de lo que pudo ser
y nunca sucedió.
Llegar tarde es llegar cuando el mundo
ya no te espera.
Llegar tarde es encontrarse
las piezas del dominó con sus barbillas
posadas en el silencio de sus talones.
Sí, podemos imaginar cómo fue el movimiento de esas fichas,
pero se trata de la propuesta futurista de la imaginación
y no de la memoria viva de haber vivido un pasado.
Pero ahora tengo claro que ese desajuste existencial
solo puede solucionarlo el maestro relojero
que habita en nuestro envés.
¡Un giro de voluntad puede cambiarlo todo!
Si en vez de clavar la mirada en las losetas de la acera
alzamos la vista hacia el cielo, se pone en marcha
el efecto mariposa de un rayo de luz
en el templo de nuestra oscuridad.
Suena muy de prados verdes y margaritas
lo que acabo de decir, lo reconozco,
pero yo sé que es así.

La opción de abrazarse con fuerza a un piolet
a los pies de la cara norte de nuestra montaña
disimulando elegantemente
mientras se nos escapa la vida
sin saber muy bien por qué,
no hace justicia a la suerte de los que tenemos
el privilegio de poder escribir
nuestros propios versos.
Tampoco hace falta echarse a la montaña a lo loco
y terminar como Mallory
sepultado por su propia existencia.
Quizá todo sea más sencillo
y baste con ir al encuentro, por ejemplo,
de ese preciso instante en el que las acacias y los olmos
eyaculan sus semillas ante el súbito asedio de una ventolera de abril
dejando un espeso manto de lentejones amarillos a nuestros pies.
Quizá la clave de nuestra existencia la encontremos
buscando acomodo en el mejor banco del parque
para disfrutar, sin más, del espectáculo
de ver nevar en primavera.

Kalkbadan
En Madrid, a 14 de abril de 2019
 
Última edición:
Agujero negro: la espaguetización se vuelve meditación, reflexión y poema.
Contemplar la vulgaridad del sentido de la vida comùn.
Saludos.
... ... ... ...
 
DE AGUJEROS NEGROS Y EFECTOS MARIPOSA

Ayer les mostré a mis hijos esa primera fotografía de un agujero negro,
y Lena, con el ceño muy fruncido, me preguntó
que si esa galaxia era la nuestra...
—¡Yo nunca me acercaré a los labios de ese monstruo! —dijo Lena.
—Yo no quiero vivir eternamente y ser el bocadillo de esa bestia… —añadió Mateo.
Vivir, simplemente vivir, por ejemplo, 100 años—remató Lena.
Y entonces, maldita sea, comprendí lo evidente,
esa teoría del todo que los adultos olvidan con los años
y que, sin embargo, los niños deshojan con su proverbial lucidez.

Y es que últimamente tengo la impresión
de que todos los semáforos de la avenida están en rojo
y de que los trenes han cerrado ya sus puertas
y los aviones, sin mí, están en la pista de despegue.
Últimamente se repite tanto últimamente
que ya no es últimamente sino siempre.
Llego tarde, llego siempre
cuando esa existencia en primera persona
ha precipitado al agujero negro de lo que pudo ser
y nunca sucedió.
Llegar tarde es llegar cuando el mundo
ya no te espera.
Llegar tarde es encontrarse
las piezas del dominó con sus barbillas
posadas en el silencio de sus talones.
Sí, podemos imaginar cómo fue el movimiento de esas fichas,
pero se trata de la propuesta futurista de la imaginación
y no de la memoria viva de haber vivido un pasado.
Pero ahora tengo claro que ese desajuste existencial
solo puede solucionarlo el maestro relojero
que habita en nuestro envés.
¡Un giro de voluntad puede cambiarlo todo!
Si en vez de clavar la mirada en las losetas de la acera
alzamos la vista hacia el cielo, se pone en marcha
el efecto mariposa de un rayo de luz
en el templo de nuestra oscuridad.
Suena muy de prados verdes y margaritas
lo que acabo de decir, lo reconozco,
pero yo sé que es así.

La opción de abrazarse con fuerza a un piolet
disimulando elegantemente a los pies de la cara norte de nuestra montaña,
mientras se nos escapa la vida
sin saber muy bien por qué,
no hace justicia a la suerte que tenemos de poder escribir
nuestros propios versos.
Tampoco hace falta echarse a la montaña a lo loco
y terminar como Mallory
sepultado por su propia existencia.
Quizá todo sea más sencillo
y baste con ir al encuentro, por ejemplo,
de ese preciso instante en el que las acacias
eyaculan sus semillas ante el súbito asedio de una ventolera de abril
dejando un espeso manto de lentejones amarillos a nuestros pies.
Quizá la clave de nuestra existencia la encontremos
buscando acomodo en el mejor banco del parque
para disfrutar, sin más, del espectáculo
de ver nevar en primavera.

Kalkbadan
En Madrid, a 14 de abril de 2019


Teniendo en cuenta que el agujero negro está a 50 millones de años luz de la tierra, me quedo con esa observación y disfrute de cualquier momento de nuestra vida, sin tiempo... Un banco en el parque, la charla con los niños, la poesía, el amarillo bajo nuestros pies...todo puede ser perfecto. Quizás haya que dimensionar nuestra oportunidad de habitar este maravilloso planeta y dejarse llevar.

Un abrazo!

Palmira
 
Teniendo en cuenta que el agujero negro está a 50 millones de años luz de la tierra, me quedo con esa observación y disfrute de cualquier momento de nuestra vida, sin tiempo... Un banco en el parque, la charla con los niños, la poesía, el amarillo bajo nuestros pies...todo puede ser perfecto. Quizás haya que dimensionar nuestra oportunidad de habitar este maravilloso planeta y dejarse llevar.

Un abrazo!

Palmira

¡Querida Palmira! Siempre es un lujo contar con la huella de tu lectura. A veces la mirada limpia, intuitiva, sin cortapisas, de los niños, nos regalan las pautas de cómo dejar de ser la sombra de nuestra propia existencia. Ese giro de voluntad puede cambiarlo todo. Hay que estar atentos para darnos la oportunidad de habitar y habitarnos.
Abrazo, compañera.
 
Última edición:
DE AGUJEROS NEGROS Y EFECTOS MARIPOSA

Ayer les mostré a mis hijos esa primera fotografía de un agujero negro,
y Lena, con el ceño muy fruncido, me preguntó
que si esa galaxia era la nuestra...
—¡Yo nunca me acercaré a los labios de ese monstruo! —dijo Lena.
—Yo no quiero vivir eternamente y ser el bocadillo de esa bestia… —añadió Mateo.
Vivir, simplemente vivir, por ejemplo, 100 años—remató Lena.
Y entonces, maldita sea, comprendí lo evidente,
esa teoría del todo que los adultos olvidan con los años
y que, sin embargo, los niños deshojan con su proverbial lucidez.

Y es que últimamente tengo la impresión
de que todos los semáforos de la avenida están en rojo
y de que los trenes han cerrado ya sus puertas
y los aviones, sin mí, están en la pista de despegue.
Últimamente se repite tanto últimamente
que ya no es últimamente sino siempre.
Llego tarde, llego siempre
cuando esa existencia en primera persona
ha precipitado al agujero negro de lo que pudo ser
y nunca sucedió.
Llegar tarde es llegar cuando el mundo
ya no te espera.
Llegar tarde es encontrarse
las piezas del dominó con sus barbillas
posadas en el silencio de sus talones.
Sí, podemos imaginar cómo fue el movimiento de esas fichas,
pero se trata de la propuesta futurista de la imaginación
y no de la memoria viva de haber vivido un pasado.
Pero ahora tengo claro que ese desajuste existencial
solo puede solucionarlo el maestro relojero
que habita en nuestro envés.
¡Un giro de voluntad puede cambiarlo todo!
Si en vez de clavar la mirada en las losetas de la acera
alzamos la vista hacia el cielo, se pone en marcha
el efecto mariposa de un rayo de luz
en el templo de nuestra oscuridad.
Suena muy de prados verdes y margaritas
lo que acabo de decir, lo reconozco,
pero yo sé que es así.

La opción de abrazarse con fuerza a un piolet
a los pies de la cara norte de nuestra montaña,
disimulando elegantemente
mientras se nos escapa la vida
sin saber muy bien por qué,
no hace justicia a la suerte de los que tenemos
el privilegio de poder escribir
nuestros propios versos.
Tampoco hace falta echarse a la montaña a lo loco
y terminar como Mallory
sepultado por su propia existencia.
Quizá todo sea más sencillo
y baste con ir al encuentro, por ejemplo,
de ese preciso instante en el que las acacias y los olmos
eyaculan sus semillas ante el súbito asedio de una ventolera de abril
dejando un espeso manto de lentejones amarillos a nuestros pies.
Quizá la clave de nuestra existencia la encontremos
buscando acomodo en el mejor banco del parque
para disfrutar, sin más, del espectáculo
de ver nevar en primavera.

Kalkbadan
En Madrid, a 14 de abril de 2019
Los niños tienen la clave y uno sólo debe estar atento para luego desentrañar esos hilos invisibles que unen y dan sentido a toda una existencia. Saludos cordiales, kalkbadan.
 
¡Gran comentario, amigo MARKS! En la trascendencia de esa "vulgaridad" de lo cotidiano quizá brille el sentido más íntimo de nuestra existencia. Un saludo y gracias por tu paso.
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De nada, kalkbadan. Me gusto mucho leer tu poesìa.
De paso,... Felices Pascuas...
... ... ... ... ...
 
¡Hola, Sergio! Las neuronas de los niños estrenan libretas en blanco, da gusto escuchar la lucidez de su «imaginación».
Gracias por la lectura.
¡Saludos!
Los niños aportan soluciones simples y prácticas que los adultos copian y reformular. Saludos, otra vez.
 

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