Así fuiste

penabad57

Poeta veterano en el portal
Así fuiste: rodilla en invierno, margen de luz

en la caracola ciega. Tu nombre una elipse,

tu voz el arbitrio de los cóndores en las acequias de la bienvenida,

Siempre serás el árbol desplegado,

los rizos y su color, la cintura que no pide oráculos,

el hambre abstracta de la juventud. Te quiero

y te querré bajo los olivos verdes, sangrará la rosa

del futuro con sus ovarios en cruz y la metamorfosis de la abeja

rondará la nube que se anuncia, sin fin, como una isla en marcha.

Nuestra singladura esconde un rio alegre, sus olas de niño,

el viaje que brota en la transparencia del tiempo

no habita los siglos del erial o las cicatrices del espejo blanco.

Sé que es duro imaginar tu palabra sin la mía,

recorrer con la linterna apagada los laberintos que un día incendiamos,

las salidas que fueron renuncia, la ósmosis terrible

de dos cuerpos que se amparan. Piensa en la raíz

que, sumergida, invita a llamarnos memoria, luna inversa

en tu seno que, una vez, en las locuras de la bienvenida

nos alumbró, opaca ya por el éxtasis de los columpios,

o por la mirada que se vuelve vieja, sin querer.
 
Última edición:
Así fuiste: rodilla en invierno, margen de luz
en la caracola ciega. Tu nombre una elipse,
tu voz el arbitrio de los cóndores en las acequias de la bienvenida,
criando aceras a destiempo. Siempre serás el árbol infinito,
rizos sin color, la cintura que no pide oráculos,
el hambre abstracta de la juventud. Te quiero
y te querré bajo los olivos verdes, sangrará la rosa
del tiempo con sus ovarios en cruz y la metamorfosis de la abeja
rondará la nube que se anuncia, sin fin, como una pústula.
Esta singladura esconde un río alegre, sus olas de niño,
el viaje que brota en la transparencia del tiempo
no habita los siglos del erial o las cicatrices del espejo blanco.
Sé que es duro no imaginar tu palabra en la mía,
recorrer con la linterna apagada los laberintos que un día incendiamos,
las salidas que fueron renuncia, la osmosis terrible
de los cuerpos que se entregan. Piensa en la raíz
que sumergida invita a llamarnos eclipse, luna inversa
en tu seno que una vez en las locuras de la bienvenida
nos alumbraron rotas por el éxtasis de los columpios
o la mirada que se vuelve vieja, sin querer.
Los años pasan y cada vez los significados parecen ser más propios, y así nos definen. Saludos cordiales, penabad.
 
Así fuiste: rodilla en invierno, margen de luz

en la caracola ciega. Tu nombre una elipse,

tu voz el arbitrio de los cóndores en las acequias de la bienvenida,

Siempre serás el árbol desplegado,

los rizos sin color, la cintura que no pide oráculos,

el hambre abstracta de la juventud. Te quiero

y te querré bajo los olivos verdes, sangrará la rosa

del futuro con sus ovarios en cruz y la metamorfosis de la abeja

rondará la nube que se anuncia, sin fin, como una isla en marcha.

Nuestra singladura esconde un rio alegre, sus olas de niño,

el viaje que brota en la transparencia del tiempo

no habita los siglos del erial o las cicatrices del espejo blanco.

Sé que es duro imaginar tu palabra sin la mía,

recorrer con la linterna apagada los laberintos que un día incendiamos,

las salidas que fueron renuncia, la ósmosis terrible

de dos cuerpos que se amparan. Piensa en la raíz

que, sumergida, invita a llamarnos memoria, luna inversa

en tu seno que, una vez, en las locuras de la bienvenida

nos alumbró, opaca ya por el éxtasis de los columpios,

o por la mirada que se vuelve vieja, sin querer.
Es una gran entrega, hermosa compañero de letras, las imágenes realmente potentes.
Un lujo pasear por tu creativo espacio.
Felíz viernes, un abrazote desde mi mar insular.
 

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