Este pueblo enfermo
que en su vientre tiene
los ojos vendados de muchos
el miedo de otros
y la simiente
de la verdad que crece.
Para unos la verdad es sangre
turbia y espesa con odio siempre,
para otros la verdad es olvido,
vivir el presente.
Nos pasamos el testigo callados,
ausentes,
y el testigo pasa entre las manos
callosas, serenas, fervientes.
El sólo siente,
su voz está segada
por los muertos y por los vivos
que no hablan pero sienten.
Todos tenemos el corazón herido,
pero a los que más les sangra
quisieran cerrar sus heridas,
seguir sin ellas para siempre
y dejar que las canciones suenen,
no las del odio, sino las de siempre,
no las de duelos
sino las alegres,
y vivir hacia adelante, vivos.
Cuándo nos daremos cuenta
que olvidar es no odiar,
que el odio anida en el corazón
atándolo para siempre.
El latido tiene que ser libre,
libre incluso de ti,
libre para la vida,
libre para no cantar estas canciones
que son de vida
pero también de muerte.
que en su vientre tiene
los ojos vendados de muchos
el miedo de otros
y la simiente
de la verdad que crece.
Para unos la verdad es sangre
turbia y espesa con odio siempre,
para otros la verdad es olvido,
vivir el presente.
Nos pasamos el testigo callados,
ausentes,
y el testigo pasa entre las manos
callosas, serenas, fervientes.
El sólo siente,
su voz está segada
por los muertos y por los vivos
que no hablan pero sienten.
Todos tenemos el corazón herido,
pero a los que más les sangra
quisieran cerrar sus heridas,
seguir sin ellas para siempre
y dejar que las canciones suenen,
no las del odio, sino las de siempre,
no las de duelos
sino las alegres,
y vivir hacia adelante, vivos.
Cuándo nos daremos cuenta
que olvidar es no odiar,
que el odio anida en el corazón
atándolo para siempre.
El latido tiene que ser libre,
libre incluso de ti,
libre para la vida,
libre para no cantar estas canciones
que son de vida
pero también de muerte.