Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
La oscura noche anegóse en tu pelo.
Y una constelación de estrellas fulgurantes
iluminó tu púrpura frente.
Eternas claridades besaron tus ondas,
y un hilo de luz fosforescente
encendió tus transparentes mejillas.
Como un sauce enamorado,
vencido en su ósculo,
al dulce tacto del agua deseada,
tus cabellos se abandonan dulcemente.
Cascadas de áureos sueños son sus fibras.
Torrentes de luceros cristalinos
reposan en el perfil de tus hombros.
Tu blonda cabellera preserva tu recato,
y en ella tus secretos de mujer escondes,
al igual que en un pecho de nácar.
Todo el misterio insondable
se cierne sobre tu pelo.
Porque toda tú eres un enigma
que las ondas de tus rizos ocultan en su seno.
Sobre tu espalda de fino alabastro
descienden en vértigo tumultuoso,
los filamentos expectantes de tus sueños.
El secreto del mundo se posa sobre ellos,
cuando un amante, con mano trémula,
profana el tesoro de sus sienes.
En tu mar profundo de negras olas
se bañan mis ojos al contemplarte,
entre tus algas nocturnas y morenas.
Y renazco en tu espuma infinita,
al igual que un niño en su cuna celeste
mecida por astros de luces purpúreas.
A la sutil fragancia de tu ondulada sombra,
el Universo, estático, detiene su curso.
Su centro gravita en tu frondosa cima.
La luz del mundo dora tus cabellos.
Y un tesoro de perlas y rubíes fantásticos,
coronan tu esbelto océano en calma.
Y una constelación de estrellas fulgurantes
iluminó tu púrpura frente.
Eternas claridades besaron tus ondas,
y un hilo de luz fosforescente
encendió tus transparentes mejillas.
Como un sauce enamorado,
vencido en su ósculo,
al dulce tacto del agua deseada,
tus cabellos se abandonan dulcemente.
Cascadas de áureos sueños son sus fibras.
Torrentes de luceros cristalinos
reposan en el perfil de tus hombros.
Tu blonda cabellera preserva tu recato,
y en ella tus secretos de mujer escondes,
al igual que en un pecho de nácar.
Todo el misterio insondable
se cierne sobre tu pelo.
Porque toda tú eres un enigma
que las ondas de tus rizos ocultan en su seno.
Sobre tu espalda de fino alabastro
descienden en vértigo tumultuoso,
los filamentos expectantes de tus sueños.
El secreto del mundo se posa sobre ellos,
cuando un amante, con mano trémula,
profana el tesoro de sus sienes.
En tu mar profundo de negras olas
se bañan mis ojos al contemplarte,
entre tus algas nocturnas y morenas.
Y renazco en tu espuma infinita,
al igual que un niño en su cuna celeste
mecida por astros de luces purpúreas.
A la sutil fragancia de tu ondulada sombra,
el Universo, estático, detiene su curso.
Su centro gravita en tu frondosa cima.
La luz del mundo dora tus cabellos.
Y un tesoro de perlas y rubíes fantásticos,
coronan tu esbelto océano en calma.