Como si fuera un diario
salpicado de rimas intermitentes
anoto con celo y ausencias
mi ánimo en el cuaderno.
Sigue el silencio
rodeándome tan pertinaz como la “peña”,
la lluvia en el jardín pequeño
golpea la verja marcando un ritmo intenso.
Las nubes se acercan casi a mi puerta
pero el árbol eternamente verde,
junto con el muro de piedra
hacen camino de la luz a la niebla.
En breve, la rutina me asediará,
la radio me perseguirá por la cocina,
un poco de presión acelerará mis pasos,
las apacibles horas de estudio rodearán mis tardes
y se me irá el día sin notarlo.
A veces desearé más paz
pero casi siempre me sentiré viva
marcándome los fines de semana
no las misas,
sino el cuidado de las plantas
y algunos paseos por el muelle
sosegándome la tarde
lanzando la mirada al mar
soñando con las luces que se caen al agua.
salpicado de rimas intermitentes
anoto con celo y ausencias
mi ánimo en el cuaderno.
Sigue el silencio
rodeándome tan pertinaz como la “peña”,
la lluvia en el jardín pequeño
golpea la verja marcando un ritmo intenso.
Las nubes se acercan casi a mi puerta
pero el árbol eternamente verde,
junto con el muro de piedra
hacen camino de la luz a la niebla.
En breve, la rutina me asediará,
la radio me perseguirá por la cocina,
un poco de presión acelerará mis pasos,
las apacibles horas de estudio rodearán mis tardes
y se me irá el día sin notarlo.
A veces desearé más paz
pero casi siempre me sentiré viva
marcándome los fines de semana
no las misas,
sino el cuidado de las plantas
y algunos paseos por el muelle
sosegándome la tarde
lanzando la mirada al mar
soñando con las luces que se caen al agua.