Rebobinar y borrar

tAmOsHkA

Poeta reconocido.
La retórica discreta.
Sus manos sujetándose de lo que sea, mientras mi espalda la suda sin clemencia.
La respuesta de esa pregunta que nadie sabe formularse.
Un vicio, una vida, unas caderas.
Un instante, una letal abstinencia.
Una maraña de sentimientos y unas cuantas trincheras.
Decenas de madrugadas interminables, bajo la luna, siempre llena.
Un “para siempre” acompañado de un “nunca más”.
Un esfuerzo abismal por no sentir nada adicional.
Es cierto, los errores se cometen mejor en la oscuridad.
No, no es cierto, verse fijamente a los ojos aumenta la terrible intensidad.
Un choque de placas, nada temporal.
Una mujer herida.
Una mujer sin Dios.
Y la mujer exquisita, con la que nunca soñó.
Vuelos suicidas equipados de eternidad.
Ambigüedades recurrentes.
Desembocaduras, valles, vertientes.
Sus labios y mis tridentes.
La satisfacción intransigente.
La desolación, el futuro se convierte.
La soledad, siempre hay alguien que no habla.
El aparentar, siempre hay alguien que habla de más.
Y se nos acaban los sueños, pero solamente para rebobinar e inmediatamente borrar.​
 
La retórica discreta.
Sus manos sujetándose de lo que sea, mientras mi espalda la suda sin clemencia.
La respuesta de esa pregunta que nadie sabe formularse.
Un vicio, una vida, unas caderas.
Un instante, una letal abstinencia.
Una maraña de sentimientos y unas cuantas trincheras.
Decenas de madrugadas interminables, bajo la luna, siempre llena.
Un “para siempre” acompañado de un “nunca más”.
Un esfuerzo abismal por no sentir nada adicional.
Es cierto, los errores se cometen mejor en la oscuridad.
No, no es cierto, verse fijamente a los ojos aumenta la terrible intensidad.
Un choque de placas, nada temporal.
Una mujer herida.
Una mujer sin Dios.
Y la mujer exquisita, con la que nunca soñó.
Vuelos suicidas equipados de eternidad.
Ambigüedades recurrentes.
Desembocaduras, valles, vertientes.
Sus labios y mis tridentes.
La satisfacción intransigente.
La desolación, el futuro se convierte.
La soledad, siempre hay alguien que no habla.
El aparentar, siempre hay alguien que habla de más.
Y se nos acaban los sueños, pero solamente para rebobinar e inmediatamente borrar.​

intensidad en tu soberbio poema cuyo final no puede ser más certero.
Verdadero placer disfrutar de tus sentimientos hechos poesía.
Te dejo cordial saludo con un abrazo Ellen.
 
La retórica discreta.
Sus manos sujetándose de lo que sea, mientras mi espalda la suda sin clemencia.
La respuesta de esa pregunta que nadie sabe formularse.
Un vicio, una vida, unas caderas.
Un instante, una letal abstinencia.
Una maraña de sentimientos y unas cuantas trincheras.
Decenas de madrugadas interminables, bajo la luna, siempre llena.
Un “para siempre” acompañado de un “nunca más”.
Un esfuerzo abismal por no sentir nada adicional.
Es cierto, los errores se cometen mejor en la oscuridad.
No, no es cierto, verse fijamente a los ojos aumenta la terrible intensidad.
Un choque de placas, nada temporal.
Una mujer herida.
Una mujer sin Dios.
Y la mujer exquisita, con la que nunca soñó.
Vuelos suicidas equipados de eternidad.
Ambigüedades recurrentes.
Desembocaduras, valles, vertientes.
Sus labios y mis tridentes.
La satisfacción intransigente.
La desolación, el futuro se convierte.
La soledad, siempre hay alguien que no habla.
El aparentar, siempre hay alguien que habla de más.
Y se nos acaban los sueños, pero solamente para rebobinar e inmediatamente borrar.​
Que sensibilidad la tuya Tamosh, yo no me imagino haciendo todo eso, la verdad todavía busco el botón de reset o apagado, en momentos como estos tu obra me da un respiro


Saludos para ti bella
 
Que sensibilidad la tuya Tamosh, yo no me imagino haciendo todo eso, la verdad todavía busco el botón de reset o apagado, en momentos como estos tu obra me da un respiro


Saludos para ti bella

Vení conmigo un rato, y presionamos entonces, el botón de pausa.
Un abrazo preciosa.
 

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