Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Fue en otro tiempo cuando la oscuridad
tenía colmillos y su silencio
se clavaba en los corazones
ancestrales que nada entendían,
sitiados por el miedo
de sus temblores y de su soledad.
Pero ocurrió que la noche,
todavía flotando en el aire,
como campana súbita sonó
y la primera luz de la mañana,
que densa goteaba
sobre un fragmento del mundo
donde el cielo respiraba
en comunión con las piedras,
alumbró -sombra torpe aún-
el primer balbuceo:
germen de la palabra que,
como depósito de luz ahuyentando
el miedo y la barbarie, dejó
el camino expedito
para que macerasen el amor,
la belleza, la libertad y la utopía.
Ya no tendrían los ancestros
que encerrarse nunca jamás
en estancias sin salida a respirar
esperanzas en descomposición
cuando, después de las leguas
recorridas y del agua espesa
y del polvo y de la sangre
y de los huesos y del vuelo circular
de hambrientas aves,
exhaustos les cayeran encima
las entrañas abiertas de la noche.
tenía colmillos y su silencio
se clavaba en los corazones
ancestrales que nada entendían,
sitiados por el miedo
de sus temblores y de su soledad.
Pero ocurrió que la noche,
todavía flotando en el aire,
como campana súbita sonó
y la primera luz de la mañana,
que densa goteaba
sobre un fragmento del mundo
donde el cielo respiraba
en comunión con las piedras,
alumbró -sombra torpe aún-
el primer balbuceo:
germen de la palabra que,
como depósito de luz ahuyentando
el miedo y la barbarie, dejó
el camino expedito
para que macerasen el amor,
la belleza, la libertad y la utopía.
Ya no tendrían los ancestros
que encerrarse nunca jamás
en estancias sin salida a respirar
esperanzas en descomposición
cuando, después de las leguas
recorridas y del agua espesa
y del polvo y de la sangre
y de los huesos y del vuelo circular
de hambrientas aves,
exhaustos les cayeran encima
las entrañas abiertas de la noche.
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