elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un hombre naranja cubre los cristales,
al otro lado un sombrero de mago
se dibuja sobre la cabeza rapada
de un niño.
En la quinta planta todos lucen felices sus sombreros
mágicos
o lazos sobre sus cabezas,
incluso los peluches tienen bigotes de gato.
Los niños sonríen al hombre naranja:
los conejos que salen de las chisteras se han convertido en
poderosos leucocitos.
Y es que hay sonrisas que pueden atravesar
cristales o el corazón naranja
de los hombres.
Y también agujas amables
que navegan venas diminutas.
capaces de imaginar
una vida que clama, que pregunta
a golpe de alegría irreductible por
la razón
o la sinrazón de los dioses.
Antonia Mauro
al otro lado un sombrero de mago
se dibuja sobre la cabeza rapada
de un niño.
En la quinta planta todos lucen felices sus sombreros
mágicos
o lazos sobre sus cabezas,
incluso los peluches tienen bigotes de gato.
Los niños sonríen al hombre naranja:
los conejos que salen de las chisteras se han convertido en
poderosos leucocitos.
Y es que hay sonrisas que pueden atravesar
cristales o el corazón naranja
de los hombres.
Y también agujas amables
que navegan venas diminutas.
capaces de imaginar
una vida que clama, que pregunta
a golpe de alegría irreductible por
la razón
o la sinrazón de los dioses.
Antonia Mauro
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