José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
Entre copos de nieve y afán
surgen trocitos de hielo y cielo.
En ese manto perdido y blanco
se abre la tierra y fluye el rencor.
Hay una niña del bosque perdida
que irrumpe sin cuento y sin lobo feroz.
Resurge en su memoria la muerte de su abuelita,
en la cabaña maldita violada por un leñador.
Nace de la estepa herida la rosa marchita,
arrebatada con rojo violencia y escarlata pasión.
Y la dulce niñita congela su ánimo
y evita con rabia la irrefrenable atracción,
de arrancarse el recuerdo de esa rosa… de su corazón.
Hay espinas sin tallo y veneno sin color.
Hay un dolor amargo que escarba en su duelo
y esparce perfume de odio en la tumba vacía… del agresor.