Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Con todo lo que significas,
he dejado de lado el diccionario.
Desde fuera no puedo percibir tu espiral.
Tus bordes no tienen relieve.
No parece profundo tu entramado.
No puedo asegurar que si gritase dentro de ti nadie me oiría.
Sin embargo tienes color.
Ese negro azabache me mira fijamente.
Sin ojos ni oídos te elevas -¿por qué hacia abajo?-
Acerco mi vista a tu interior y deseo con todas mis fuerzas adentrarme en ti.
Pero eres diminuto, lo que veo de ti es diminuto, lo que imagino de ti, también lo es.
¿Tiene final, o infinitud tu estructura?
No puedo conocerte desde aquí.
Introduzo en tu orificio una aguja, y la suelto, esperando un sonido,
intentando averiguar dónde termina tu misterio.
Pero, lejos de revelármelo, la aguja retorna sobre su caída y sale de tus dominios.
Y vuelve a mis manos.
Y siento que tengo una pequeña porción de ti entre ellas.
Hay alguien ahí, lo sé.
En ese preciso momento supe también que los agujeros, como tú, merecen también su espacio.
he dejado de lado el diccionario.
Desde fuera no puedo percibir tu espiral.
Tus bordes no tienen relieve.
No parece profundo tu entramado.
No puedo asegurar que si gritase dentro de ti nadie me oiría.
Sin embargo tienes color.
Ese negro azabache me mira fijamente.
Sin ojos ni oídos te elevas -¿por qué hacia abajo?-
Acerco mi vista a tu interior y deseo con todas mis fuerzas adentrarme en ti.
Pero eres diminuto, lo que veo de ti es diminuto, lo que imagino de ti, también lo es.
¿Tiene final, o infinitud tu estructura?
No puedo conocerte desde aquí.
Introduzo en tu orificio una aguja, y la suelto, esperando un sonido,
intentando averiguar dónde termina tu misterio.
Pero, lejos de revelármelo, la aguja retorna sobre su caída y sale de tus dominios.
Y vuelve a mis manos.
Y siento que tengo una pequeña porción de ti entre ellas.
Hay alguien ahí, lo sé.
En ese preciso momento supe también que los agujeros, como tú, merecen también su espacio.