Teo Moran
Poeta fiel al portal
Tras la siega queda el desolado paisaje,
unas espigas rotas entre las penumbras
bajo el caudal de un cielo insondable…
-¿Pero y mi alma? ¿Y mi sangre?
Jamás serán siembra en aquellas tierras,
no darán flor entre los fieros matorrales,
no tomarán de la mano al caminante
con sus pétalos irisados e inocentes,
no serán sombra bajo los altos chopos
en la melodía del río interminable,
serán pausa y deshielo, forja y hierro,
luz en el desierto y letra inflamable.
-¿Pero y mi carne? ¿Y mi mente?
No habitarán en las hermosas voces
porque nada lleva un rumor sin eco,
y en la niñez, los flecos del amor,
no se gestarán los acasos y los posibles,
solo la dictadura del recuerdo y el olvido.
Tras la perfecta silueta del ocaso
la fuente deja de manar y se seca
y el barro fermenta como un mal vino,
es cuando me siento reflejado y vivo,
porque los días hierven uno tras otro
y el campo desnudo grita desesperado.
-¿Y si no soy camino? ¿Y si no hay sendero?
¿Y por qué morir para ser alimento?...
Hay quien amasa con su alma mortecina
carámbanos agudos en noches oscuras,
hay quien se alimenta del pan tierno
en un mar de trigo con sabor a esperanza,
pero el grano duro necesita paciencia…
-¿Qué será de mi latido? ¿Y de mi corazón?
¿Sabrá mi alma infantil morir con la edad
y curar sus heridas con algún suspiro?
He visto a gente llorar con desconsuelo,
personas girar buscando una mirada,
a los que con hambre de vida te sonríen
bajo la sombra del presente y el pasado,
y a los que como yo dejamos el corazón
en un cobrizo mar de trigo ya segado,
a los que como yo somos nota del monte,
en un horizonte abrupto e inalcanzable…
-¿Pero y mi mañana? ¿Y mi presente?
Quedan desgranados por las muelas
y las aspas ajadas de un molino viejo.
Quisiera dar melodía a las palabras
pero solo puedo ser una cristalina gota
que se adentrará anónima en el cauce
bajo la sombra de un latido eterno,
y tal vez, es posible que aquel amor
alcance las espigas cobrizas del alma.