Tormenta del alma.
En la penumbra de la noche
una deslumbrante luz cegó
mis ojos, y al instante inició
el llanto incontenible del cielo.
Recordé tu delicada silueta
tras la cortina del recuerdo
y el frío polar en mi alma
¡Ya no eres mía!
Llegó tu palabra a mi
inconciencia, del olvido
que una vez pensamos
que nunca llegaría.
A lo lejos, embutido en
mis tristes pensamientos
escuche el ruido del cristal
transparente roto.
Y vi correr las lágrimas de
sangre que corría por tu
rostro que humedecieron
tus pies y el mármol frío.
Dr. Augusto Morales Velásquez.
En la penumbra de la noche
una deslumbrante luz cegó
mis ojos, y al instante inició
el llanto incontenible del cielo.
Recordé tu delicada silueta
tras la cortina del recuerdo
y el frío polar en mi alma
¡Ya no eres mía!
Llegó tu palabra a mi
inconciencia, del olvido
que una vez pensamos
que nunca llegaría.
A lo lejos, embutido en
mis tristes pensamientos
escuche el ruido del cristal
transparente roto.
Y vi correr las lágrimas de
sangre que corría por tu
rostro que humedecieron
tus pies y el mármol frío.
Dr. Augusto Morales Velásquez.