Escritor asesino

C

Caperucito

Invitado
He visto las arrugas del rostro en el presente
y en el pasado cuando me poblaron.
Las siento como filos
desde dentro hacia fuera
y no me reconozco sin su marca.

Me he mirado al espejo exhausto y roto
escupiendo la vida entre los dientes
con la mueca torcida,
con renglones futuros
para calmar el hambre del alivio.

He sentido el cuchillo en la distancia
y la inclemencia de la mano prieta
que atraviesa la piel en medio de los gritos
y ha sangrado mi sangre
en el rol de verdugo.
 
He visto las arrugas del rostro en el presente
y en el pasado cuando me poblaron.
Las siento como filos
desde dentro hacia fuera
y no me reconozco sin su marca.

Me he mirado al espejo exhausto y roto
escupiendo la vida entre los dientes
con la mueca torcida,
con renglones futuros
para calmar el hambre del alivio.

He sentido el cuchillo en la distancia
y la inclemencia de la mano prieta
que atraviesa la piel en medio de los gritos
y ha sangrado mi sangre
en el rol de verdugo.

Felicitaciones por tu buena obra, saludos Caperucito.
 
Sir Arthur Conan Doyle, autor de las célebres novelas sobre Sherlock Holmes ( personaje que superó a su propio autor, en cuanto a honor y Majestad se refiere ), mató al verdadero promotor del Sabueso de los Baskerville. Robándole la exclusiva, para resucitar de entre los muertos, a Sherlock Holmes ( fallecido en una novela anterior ), y aparte, realizando auténticas proezas comprensibles, para el común de los mortales, pero eso, sí, destacando la sagacidad y astucia de su loable y admirado caballero.


https://grupoelron.org/historia/conandoyle.htm


Algunos piensan que el modelo que tomó, para la factura de este proverbial personaje, fue Joseph Bell, un profesor universitario que averiguaba oficios y costumbres de sus alumnos, a juzgar por sus apariencias, facciones, gestos e indumentarias. No obstante, la manera que tiene Sir Arthur de relatar cada episodio, es tan fría que nos recuerda la imposición de un bien, o el crimen silenciado, a fuer de una actitud pragmática y discreta, que no obstante, repercute en la sospecha e intriga, que también adornarían a Alfred Hitchcock, décadas después. Porque Alfred se dedicó al suspense, ya que lo conocía en primera persona.


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El Bien está supeditado al Libre Albedrío.
Con lo cuál, tanto el Bien como el Amor, se proponen, pero no se imponen.
Aún así, cada época tiene sus códigos y costumbres, según Sócrates.
De ahí que no podamos actuar retroactivamente, desde el Presente, hacia el Pasado.
Con lo cuál, más siniestro aún, fue Adolf Hitler.


Y sin embargo, aún a día de hoy, hay gente que le apoya.
 
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