Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
todo tu hacer era un rastro de aromas
y colores, tenue de rosas, de vida,
de intensa primavera en jacaranda,
el dulce aroma del veneno de la abeja,
era el aliento y el crepitar
del pan cociéndose en el horno,
el hilo de olor en serpentín
sin fin del café por la mañana,
el monótono balar de las ovejas que
convocan a los sueños, el verbo que íbamos
a repetir y que olvidamos justo al abrir los ojos,
el suspiro del insomnio durante el conticinio,
tu ser eran mis planes de tenerte la noche
de un lunes cualquiera hablando de los rostros
que se forman en el cielo raso hasta que
los martes para siempre desaparecieran,
era inventar entre oraciones y murmullos
la pócima perfecta con mariposas en capullo
macerados en agua de rocío para que no te fueras,
y que nunca te me fueras, aunque tú no lo supieras.
Due 11/08/2019 en una noche en la que el sonido de las llantas de los autos, allá en las aceras, se mete a la recamara como un lamento, como un recuerdo propio y ajeno, como si de verdad no te hubieras ido y tu mano en la cama, me salvara de todos los fantasmas.
y colores, tenue de rosas, de vida,
de intensa primavera en jacaranda,
el dulce aroma del veneno de la abeja,
era el aliento y el crepitar
del pan cociéndose en el horno,
el hilo de olor en serpentín
sin fin del café por la mañana,
el monótono balar de las ovejas que
convocan a los sueños, el verbo que íbamos
a repetir y que olvidamos justo al abrir los ojos,
el suspiro del insomnio durante el conticinio,
tu ser eran mis planes de tenerte la noche
de un lunes cualquiera hablando de los rostros
que se forman en el cielo raso hasta que
los martes para siempre desaparecieran,
era inventar entre oraciones y murmullos
la pócima perfecta con mariposas en capullo
macerados en agua de rocío para que no te fueras,
y que nunca te me fueras, aunque tú no lo supieras.
Due 11/08/2019 en una noche en la que el sonido de las llantas de los autos, allá en las aceras, se mete a la recamara como un lamento, como un recuerdo propio y ajeno, como si de verdad no te hubieras ido y tu mano en la cama, me salvara de todos los fantasmas.
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