Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En la súbita imagen de tu cuerpo,
refugié mis espejos, a fin de resaltarte en nuevos hábitos,
centrifuga un lagarto en mi ventana que ha dejado sin riego las repisas,
la humedad de la insípida lombriz penetra como un sable mi versión ilusoria,
los techos, la moneda y su perfil no liberan el humo.
Así que ya ves, chica, no he dejado de ser el poliéster, intrínseco en tus silencios
-A todos los vestí ya de árboles disecados, el oxígeno innato, con mi algodón a cuestas.-,
la sensibilidad no habla pero actúa.
Piel de zorro, sofás incandescentes, me rozan los indicios hasta romperme el codo.
El origen, la ropa en el tendal.
El final, una yegua ciega, incluso lujuria en los zaguanes.
No muestro mis heridas, una ya es suficiente.
Después de penetrar tu arco del iris, botiquín.
Haremos el amor de tu lenguaje
hasta que la tiniebla se atragante,
hasta que la distancia se cubra con turbante
-Mis pulgares intentan salvarte del vacío,
pero solo he podido encarcelarme.-.