Razón y celebración

eledendo

Poeta asiduo al portal
<center>... este compendio universal que dentro de mí y ante a mí se alza y se construye,

esta irrupción cósmica que con mente y corazón contemplo, siento y vivo,

este haber sublime de espíritu y amor inabarcable,

esta ingente belleza,

- que cual tímpano de voz y fuego puro, se inscribe y vibra en todo lo creado -

y que asimismo cual laúd divina para el ser humano

y cual égida o refugio,

y símbolo,

y flor,

¿ podríamos contemplarlo, sentirlo y vivirlo - insisto y digo - sin esta cuántica luz del corazón ?

... ay nuestros lechos precámbricos, nuestras paredes de piedra, nuestras hachas y diminutas lanzas...;

desde aquél otro lado, el de las hecatombes de dolor, unos y otros llegamos cansados,

despiezada el alma y recosidos o rotos aún hombros y brazos, las piernas, el pecho, la cintura,

por lo que bien, bien pudiera parecernos que sólo llorar y llorar constituyese el único

y dramático bastión frente a un destino de aparente fin de muerte con más muerte;

... porque sí, hay instantes en que las pruebas del ser arrasan y estremecen, y engullen, y matan,

pero ¿ es que no hemos vuelto o renacido acaso para ser actores de nuestro sueño invencible,

el de nuestro camino en progreso, éste, el de nuestro genio y poder,

y hasta el último hálito o bastión de nuestra fuerza ... ?



esta virtud exuberante, moderna y fresca de alegría y júbilo,

este emblema de inmortal proyección sin límites,

esta intención del Innombrable de absoluta y asombrosa cordura,

esta lid,

este grial;

... desde el XXI, doy fe del orden y de la luz del mundo.

***

Antonio Justel

http://www.oriondepanthoseas.com
 
Última edición:
<center>... este compendio universal que dentro de mí y ante a mí se alza y se construye,

esta irrupción cósmica que con mente y corazón contemplo, siento y vivo,

este haber sublime de espíritu y amor inabarcable,

esta ingente belleza,

- que cual tímpano de voz y fuego puro, se inscribe y vibra en todo lo creado -

y que asimismo cual laúd divina para el ser humano

y cual égida o refugio,

y símbolo,

y flor,

¿ podríamos contemplarlo, sentirlo y vivirlo - insisto y digo - sin esta cuántica luz del corazón ?

... ay nuestros lechos precámbricos, nuestras paredes de piedra, nuestras hachas y diminutas lanzas...;

desde aquél otro lado, el de las hecatombes de dolor, unos y otros llegamos cansados,

despiezada el alma y recosidos o rotos aún hombros y brazos, las piernas, el pecho, la cintura,

por lo que bien, bien pudiera parecernos que sólo llorar y llorar constituyese el único

y dramático bastión frente a un destino de aparente fin de muerte con más muerte;

... porque sí, hay instantes en que las pruebas del ser arrasan y estremecen, y engullen, y matan,

pero ¿ es que no hemos vuelto o renacido acaso para ser actores de nuestro sueño invencible,

el de nuestro camino en progreso, éste, el de nuestro genio y poder,

y hasta el último hálito o bastión de nuestra fuerza ... ?



esta virtud exuberante, moderna y fresca de alegría y júbilo,

este emblema de inmortal proyección sin límites,

esta intención del Innombrable de absoluta y asombrosa cordura,

esta lid,

este grial;

... desde el XXI, doy fe del orden y de la luz del mundo.

***

Antonio Justel

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