Torres caídas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Torres caídas

de mi mano desnuda todas esparcidas

por la altiva frivolidad que nos sacude

en lo elemental del mediodía, esa bagatela

que nos transcurre como un bicho o insecto

en la palma ocasional de la mano.

Rosas almendradas, opacas,

sustitutas de un profundo malestar,

el reino de hielo caído en lo bajo,

el pedestal más inclinado hacia la longevidad,

maldice.

Todo se arrastra, neveras, oxidados columpios,

naturales ortopedias, y esas venas que se agolpan

por detrás todavía de los labios primerizos.

Yo, mientras, mantengo el goce de lo primario,

el resultado de mis breves piernas, el anuncio

donde se estrellan caminos y senderos bajo estrellas luminosas.

Mi cuerpo fue un ataúd.

Un estrecho estertor fue su destino.

Una navaja de frío acero cumplimentó obedientemente

sus lagunas sustitutivas, y mi mano

fue esparciendo sus diminutas lágrimas displicentes.



©





Yo estuve loco, recuerdas?

Allí, estuvo enterrado mi cuerpo.

Sobre ese lago incierto de los brezos

y el champán junto al depositado abrazo

de sosiego. Sólo que mi caravana

apenas pudo sostenerse de pie, apenas

pudo comprometerse un minuto más.

Yo estuve loco, recuerdas?

A un metro de tu profundidad,

busco y no encuentro los incendios

de tus cabellos.



©



Sí, lo sé. Alguien habla contigo.

Alza su voz o empuña quién sabe

su fusil o su altiva nariz aguerrida.

O comete fraudes con las palabras,

o las tergiversa. Te folla

con naturalidad pasmosa, enfrentados

ambos cuerpos en su fosa natural.

Sí, lo sé. Ambos reclinatorios

sufrieron el mismo peso inaceptable.



©





Me encuentro sufriendo por antiguas

lagunas. Aguas y marmitas de furor

contagioso. En los labios una flor marchitada

ofrece sus pétalos orondos y sabios

al poseedor de tus labios. Yo, árido,

sombreo los márgenes de tus contornos.

Silueta alzada, como en un combate

de estrategias y espumas.



©







Mi alma no encontró tus ojos.

A pesar del miedo, o del roce

antiguo, no los encontró.

Halló en su lugar, una mutilada

zona de campo, un cuervo maniatado,

una obsesiva manifestación

de formas vaciadas y perversas.

Encontré tu forma como una funda

tirada; sobre tu estuche, el sufrimiento.



©
 
Torres caídas

de mi mano desnuda todas esparcidas

por la altiva frivolidad que nos sacude

en lo elemental del mediodía, esa bagatela

que nos transcurre como un bicho o insecto

en la palma ocasional de la mano.

Rosas almendradas, opacas,

sustitutas de un profundo malestar,

el reino de hielo caído en lo bajo,

el pedestal más inclinado hacia la longevidad,

maldice.

Todo se arrastra, neveras, oxidados columpios,

naturales ortopedias, y esas venas que se agolpan

por detrás todavía de los labios primerizos.

Yo, mientras, mantengo el goce de lo primario,

el resultado de mis breves piernas, el anuncio

donde se estrellan caminos y senderos bajo estrellas luminosas.

Mi cuerpo fue un ataúd.

Un estrecho estertor fue su destino.

Una navaja de frío acero cumplimentó obedientemente

sus lagunas sustitutivas, y mi mano

fue esparciendo sus diminutas lágrimas displicentes.



©





Yo estuve loco, recuerdas?

Allí, estuvo enterrado mi cuerpo.

Sobre ese lago incierto de los brezos

y el champán junto al depositado abrazo

de sosiego. Sólo que mi caravana

apenas pudo sostenerse de pie, apenas

pudo comprometerse un minuto más.

Yo estuve loco, recuerdas?

A un metro de tu profundidad,

busco y no encuentro los incendios

de tus cabellos.



©



Sí, lo sé. Alguien habla contigo.

Alza su voz o empuña quién sabe

su fusil o su altiva nariz aguerrida.

O comete fraudes con las palabras,

o las tergiversa. Te folla

con naturalidad pasmosa, enfrentados

ambos cuerpos en su fosa natural.

Sí, lo sé. Ambos reclinatorios

sufrieron el mismo peso inaceptable.



©





Me encuentro sufriendo por antiguas

lagunas. Aguas y marmitas de furor

contagioso. En los labios una flor marchitada

ofrece sus pétalos orondos y sabios

al poseedor de tus labios. Yo, árido,

sombreo los márgenes de tus contornos.

Silueta alzada, como en un combate

de estrategias y espumas.



©







Mi alma no encontró tus ojos.

A pesar del miedo, o del roce

antiguo, no los encontró.

Halló en su lugar, una mutilada

zona de campo, un cuervo maniatado,

una obsesiva manifestación

de formas vaciadas y perversas.

Encontré tu forma como una funda

tirada; sobre tu estuche, el sufrimiento.



©
Sí, lo sé. Ambos reclinatorios

sufrieron el mismo peso inaceptable.

BEN grata lectura, buen día.
 
Torres caídas

de mi mano desnuda todas esparcidas

por la altiva frivolidad que nos sacude

en lo elemental del mediodía, esa bagatela

que nos transcurre como un bicho o insecto

en la palma ocasional de la mano.

Rosas almendradas, opacas,

sustitutas de un profundo malestar,

el reino de hielo caído en lo bajo,

el pedestal más inclinado hacia la longevidad,

maldice.

Todo se arrastra, neveras, oxidados columpios,

naturales ortopedias, y esas venas que se agolpan

por detrás todavía de los labios primerizos.

Yo, mientras, mantengo el goce de lo primario,

el resultado de mis breves piernas, el anuncio

donde se estrellan caminos y senderos bajo estrellas luminosas.

Mi cuerpo fue un ataúd.

Un estrecho estertor fue su destino.

Una navaja de frío acero cumplimentó obedientemente

sus lagunas sustitutivas, y mi mano

fue esparciendo sus diminutas lágrimas displicentes.



©





Yo estuve loco, recuerdas?

Allí, estuvo enterrado mi cuerpo.

Sobre ese lago incierto de los brezos

y el champán junto al depositado abrazo

de sosiego. Sólo que mi caravana

apenas pudo sostenerse de pie, apenas

pudo comprometerse un minuto más.

Yo estuve loco, recuerdas?

A un metro de tu profundidad,

busco y no encuentro los incendios

de tus cabellos.



©



Sí, lo sé. Alguien habla contigo.

Alza su voz o empuña quién sabe

su fusil o su altiva nariz aguerrida.

O comete fraudes con las palabras,

o las tergiversa. Te folla

con naturalidad pasmosa, enfrentados

ambos cuerpos en su fosa natural.

Sí, lo sé. Ambos reclinatorios

sufrieron el mismo peso inaceptable.



©





Me encuentro sufriendo por antiguas

lagunas. Aguas y marmitas de furor

contagioso. En los labios una flor marchitada

ofrece sus pétalos orondos y sabios

al poseedor de tus labios. Yo, árido,

sombreo los márgenes de tus contornos.

Silueta alzada, como en un combate

de estrategias y espumas.



©







Mi alma no encontró tus ojos.

A pesar del miedo, o del roce

antiguo, no los encontró.

Halló en su lugar, una mutilada

zona de campo, un cuervo maniatado,

una obsesiva manifestación

de formas vaciadas y perversas.

Encontré tu forma como una funda

tirada; sobre tu estuche, el sufrimiento.



©
Vuelan las metáforas en tu poesía. La que me deja un sabor a pérdida. Algo que fue, de lo que ya no queda nada. Eso que se pierde para siempre en las miradas... un gusto venir, un abrazo Ben.
 
Vuelan las metáforas en tu poesía. La que me deja un sabor a pérdida. Algo que fue, de lo que ya no queda nada. Eso que se pierde para siempre en las miradas... un gusto venir, un abrazo Ben.


Sin duda es eso y algo más: algo que nunca ocurrió, lo que se manifiesta en mis poemitas. Muchas gracias amigo Dvaldés, por tu comentario y palabras, un abrazo!!
 

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