Mentira.
No, no lo entiendo.
¿Que te hice? Lo único
que hice fue amarte.
Ahora, ¿Por qué el
desdén?... Creo saberlo.
Me has desplazado.
No voy a suplicar nada,
pero, quiero que sepas
que he perdido las coordenadas.
No sé dónde volar.
¿Hacía dónde iré?
¿Dónde mis alas han
de volar? No tengo
un horizonte, solo
Caronte aguarda por
mí.
No digas más mentiras,
Nunca más habitaré tu
corazón, tal vez algún
lejano recuerdo tendrás
cuándo escuches la canción
que bailamos en aquel salón
de Buenos Aires.
Quizá aquella barcaza que
navegó sobre el Río de la
Plata dónde alguna vez
se unieron nuestros labios
en idílico amor.
El puerto con aquella
brisa ligera que empapó
tu blusa dejando ver
erectos por el frío tus
divinos pezones.
¡Perdóname! Me pasé.
Creí que eras mía. Sólo
permite que esta lágrima
surque el canal del dolor
que refleja mi rostro.
Adiós.
Dr. Augusto César Morales Velázquez
No, no lo entiendo.
¿Que te hice? Lo único
que hice fue amarte.
Ahora, ¿Por qué el
desdén?... Creo saberlo.
Me has desplazado.
No voy a suplicar nada,
pero, quiero que sepas
que he perdido las coordenadas.
No sé dónde volar.
¿Hacía dónde iré?
¿Dónde mis alas han
de volar? No tengo
un horizonte, solo
Caronte aguarda por
mí.
No digas más mentiras,
Nunca más habitaré tu
corazón, tal vez algún
lejano recuerdo tendrás
cuándo escuches la canción
que bailamos en aquel salón
de Buenos Aires.
Quizá aquella barcaza que
navegó sobre el Río de la
Plata dónde alguna vez
se unieron nuestros labios
en idílico amor.
El puerto con aquella
brisa ligera que empapó
tu blusa dejando ver
erectos por el frío tus
divinos pezones.
¡Perdóname! Me pasé.
Creí que eras mía. Sólo
permite que esta lágrima
surque el canal del dolor
que refleja mi rostro.
Adiós.
Dr. Augusto César Morales Velázquez