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La infancia duradera

lesmo

Poeta veterano en el portal
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
 
Última edición:
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Yo lo veia pasar por el otro lado del valle resoplando e llenado de humo y vapor al vecindario. Recuerdo que con su sonido me hacía monótonas canciones.
Mi abuelo me llevaba, tambien por la mano, al monte con la ovejas. Una escena bucólica.
Un abrazo, amigo Salvador, y como siempre, eres genial en lo que escribes.
Rique.
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
La gran brecha de juventud y adultez no impide que se unan las otras dos estaciones más extremas en un largo puente de tiempo. Un abrazo, Salvador.
 
Yo lo veia pasar por el otro lado del valle resoplando e llenado de humo y vapor al vecindario. Recuerdo que con su sonido me hacía monótonas canciones.
Mi abuelo me llevaba, tambien por la mano, al monte con la ovejas. Una escena bucólica.
Un abrazo, amigo Salvador, y como siempre, eres genial en lo que escribes.
Rique.
La figura del abuelo, de los abuelos, sobrevolando la infancia es, sin duda, de gran importancia. Ir al monte con tu abuelo fue una experiencia, como señalas, inolvidable. Estas tardes de paseo que relato en mis letras ocurrían en Santiago, querido Rique, y no importaba la lluvia o el frío. Era en cada tarde el ir a la estación, casi el centro del día.
Mil gracias por asomarte a este espacio con tu mirada amable a dejar tu exquisita huella, amigo mío.
Gran abrazo, de nuevo, agradecido.
Salvador.
 
La gran brecha de juventud y adultez no impide que se unan las otras dos estaciones más extremas en un largo puente de tiempo. Un abrazo, Salvador.
Efectivamente, un gran largo puente de tiempo es el que provocan estas cosas, amigó mío. Te agradezco muchísimo el paso por estas letras y el amable comentario.
Un fuerte abrazo.
Salvador.
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Oléeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, querido Salva. Lo has bordado, del copón divino, de 10, sí señor.
Que soneto más precioso has enhebrado, con todos sus ritmos perfectos, que es gozo para el oído el declamarlo.
Y que bien que lo has hilado, presentación, nudo, y desenlance..., soberbios. Y ese desenlace, ese cierre en el último terceto es la guinda del pastel con el cúlmen troquelado en el último endecasílabo.
Nos traes evocaciones a lejana infancia, y enriqueces nuestro espíritu con tu luminosa obra poética.
Tanto me has emocionado que, aquí y ahora, hinco rodilla en tierra y te rindo pleitesía, primor primoroso....¡¡Mas que digoooooo!!, nooooooooooooo, noooooooooooo, quería decir......""y te rindo pleitesía, mi querido amigo"", jajajajajajajajajajajajajajajajajaja.
Un enorme abrazo, entrañable compañero, camarada, y amado amigo.
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.



Encantador soneto, que nos lleva a esa infancia, que con ternura recuerdas, es allí donde se forja todo un mundo de emociones, junto a los abuelos, de su mano, qué suerte haber gozado de un abuelo.
Gracias por compartirnos tus recuerdos en este cálido soneto.
Un abrazo, Salva.
Isabel.
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Ayyyy Salva qué entrañable soneto lleno de recuerdos inolvidables de tu infancia, y concretamente de tu abuelo, y de la estación del tren a la cual te llevaba para tu goce y disfrute... ayyy que yo al leerte también me han venido a la memoria recuerdos de mi niñez, de los períodos de vacaciones que pasaba con ellos en mi pueblo, es que hasta se me saltan las lágrimas al recordarlos. Millones de besos mi queridísimo Salva, plenos de cariño y de profunda admiración....muáááááááááááacksssssssssssss....
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Lindo poema que me trae recuerdos del abuelo. Un hermoso poema, poeta, con una calidad enorme de ternura. Un aplauso a sus bellas letras, un abrazo grande, Azalea.
 
Hola Salvador: Cabalgas en un bonito tren de recuerdos de la mano de tu abuelo, que te lega los suyos
para potenciar y dar valor a los tuyos. Un placer. Amadeo.
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobretodo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Precioso recuerdo de la infancia nos compartes, Salvador. Un placer leerte.
Un abrazo.
 
Oléeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, querido Salva. Lo has bordado, del copón divino, de 10, sí señor.
Que soneto más precioso has enhebrado, con todos sus ritmos perfectos, que es gozo para el oído el declamarlo.
Y que bien que lo has hilado, presentación, nudo, y desenlance..., soberbios. Y ese desenlace, ese cierre en el último terceto es la guinda del pastel con el cúlmen troquelado en el último endecasílabo.
Nos traes evocaciones a lejana infancia, y enriqueces nuestro espíritu con tu luminosa obra poética.
Tanto me has emocionado que, aquí y ahora, hinco rodilla en tierra y te rindo pleitesía, primor primoroso....¡¡Mas que digoooooo!!, nooooooooooooo, noooooooooooo, quería decir......""y te rindo pleitesía, mi querido amigo"", jajajajajajajajajajajajajajajajajaja.
Un enorme abrazo, entrañable compañero, camarada, y amado amigo.
Mil y mil gracias, querido José, por tu comentario amplio en el que me dejas tu afecto. Vienes con tus palabras a poner en valor mis letras, querido amigo. De nuevo, mil gracias por ello.
Gran y afectuoso abrazo.
Salva.
 
Encantador soneto, que nos lleva a esa infancia, que con ternura recuerdas, es allí donde se forja todo un mundo de emociones, junto a los abuelos, de su mano, qué suerte haber gozado de un abuelo.
Gracias por compartirnos tus recuerdos en este cálido soneto.
Un abrazo, Salva.
Isabel.
Muchísimas gracias, querida Isabel, por la compañía valiosa de este amable comentario. Celebro que estas letras hayan resultado ser de tu agrado.
Con un abrazo fraternal, nuevamente agradecido.
Salva.
 
Ayyyy Salva qué entrañable soneto lleno de recuerdos inolvidables de tu infancia, y concretamente de tu abuelo, y de la estación del tren a la cual te llevaba para tu goce y disfrute... ayyy que yo al leerte también me han venido a la memoria recuerdos de mi niñez, de los períodos de vacaciones que pasaba con ellos en mi pueblo, es que hasta se me saltan las lágrimas al recordarlos. Millones de besos mi queridísimo Salva, plenos de cariño y de profunda admiración....muáááááááááááacksssssssssssss....
Muchísimas gracias, querida Isabel, por acercarte a este espacio con tu mirada amable y por dejarme este comentario. Me alegra muchísimo que estas letras hayan resultado ser agradable para ti.
Te mando un gran abrazo fraterno con todos mis afectos, amiga mía.
Salva.
 
Que bonitos son los recuerdos de la infancia. A mi también me gustan los trenes de antes que al pasar hacían ese ruido tan peculiar. Hermoso y musical poema. Encantada de leerte. Saludos cordiales.
Muchísimas gracias, estimada Lourdes, por este amable comentario y por la compañía en mis letras. Encantado de recibirte en ellas.
Afectuosamente, un saludo muy cordial.
Salvador.
 
Lindo poema que me trae recuerdos del abuelo. Un hermoso poema, poeta, con una calidad enorme de ternura. Un aplauso a sus bellas letras, un abrazo grande, Azalea.
Celebro, estimada Azalea, que estas letras hayan resultado ser de su agrado. Muchas gracias por este amable comentario.
Con todo afecto, un abrazo fraterno.
Salvador.
 
»Salvador


La infancia es la edad que todo niño debiera disfrutar como corresponde.
Privarlos de ello, a veces deja manchas imborrables en la vida.
El tren siempre ha causado un gran efecto en el espíritu de los niños,
dejando recuerdos imperecederos.
Lástima grande que haya sitios de donde van desapareciendo.
Estupendo soneto, de veras.
Mis saludos recibid. .«

PD: Cuando decís sobretodo, ¿os referís a la prenda de vestir?


__________________________
Soi el claro prodijio sin misterio
Voz que se dice sola i para siempre
(E. González Lanuza)
 
»Salvador


La infancia es la edad que todo niño debiera disfrutar como corresponde.
Privarlos de ello, a veces deja manchas imborrables en la vida.
El tren siempre ha causado un gran efecto en el espíritu de los niños,
dejando recuerdos imperecederos.
Lástima grande que haya sitios de donde van desapareciendo.
Estupendo soneto, de veras.
Mis saludos recibid. .«

PD: Cuando decís sobretodo, ¿os referís a la prenda de vestir?


__________________________
Soi el claro prodijio sin misterio
Voz que se dice sola i para siempre
(E. González Lanuza)
Tal como dice, estimado compañero, la infancia, el crisol de lo que será la personalidad. Muchas gracias por este amable comentario a mis letras y muchas gracias también por hacerme ver el error ortográfico que corrijo inmediatamente.
Saludos afectuosos.
Salvador.
 
La infancia duradera

De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.

El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.

Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.

Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Que nostalgia mí embarga tu poema, pero es hermoso tener recuerdos

Grato leerte salva
 

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