La armonía de la tarde sin ruido
clara y sola
se cuela lenta por la ventana
enganchándose en mi alma
rota a veces por el paso
de alguien que va al mar,
los gritos de las gaviotas
o mi respiración.
El aire,
muchos ratos ausente,
mueve las acacias
para señalar su presencia,
y como los niños,
jugar con mi falda
y mis piernas.
Nada me es más grato
que este rincón parado en el tiempo,
anclado en la burguesía ausente,
pintado con transparencias rojas y celestes.
Ya apenas me debato
con mi conciencia y mi gusto.
Olvido, la mayoría de los días,
el reparto de bienes,
y aprovecho todos los míos,
y con todo eso
soy feliz.
No quiero más riquezas,
saboreo palmo a palmo
la luz del día,
los colores de las flores,
el ruido de los pasos lentos.
Me invento un Dios para estos momentos,
le cuento,
le digo,
le rezo
para alcanzar del todo la paz.
La paz que me sale del fondo
y perder no quiero.
clara y sola
se cuela lenta por la ventana
enganchándose en mi alma
rota a veces por el paso
de alguien que va al mar,
los gritos de las gaviotas
o mi respiración.
El aire,
muchos ratos ausente,
mueve las acacias
para señalar su presencia,
y como los niños,
jugar con mi falda
y mis piernas.
Nada me es más grato
que este rincón parado en el tiempo,
anclado en la burguesía ausente,
pintado con transparencias rojas y celestes.
Ya apenas me debato
con mi conciencia y mi gusto.
Olvido, la mayoría de los días,
el reparto de bienes,
y aprovecho todos los míos,
y con todo eso
soy feliz.
No quiero más riquezas,
saboreo palmo a palmo
la luz del día,
los colores de las flores,
el ruido de los pasos lentos.
Me invento un Dios para estos momentos,
le cuento,
le digo,
le rezo
para alcanzar del todo la paz.
La paz que me sale del fondo
y perder no quiero.