Ahí es que te sigo viendo ahora
amiga de esquina soleada,
perpetua infancia.
Tus ojos me guiñaron, guiándome
las reglas del equilibrio en bici
de la hora de la merienda.
Tu pelo lustroso, enjambre bello de pozo, era luciérnaga de breves años
que me invitaba a jugar.
A veces, no podía.
Hoy estoy sola
frente a tu balcón te veo,
riéndome como antes en tus ojos ámbar;
de rodillas rotas
de calles nuestras
de esperanzas en pausa.
amiga de esquina soleada,
perpetua infancia.
Tus ojos me guiñaron, guiándome
las reglas del equilibrio en bici
de la hora de la merienda.
Tu pelo lustroso, enjambre bello de pozo, era luciérnaga de breves años
que me invitaba a jugar.
A veces, no podía.
Hoy estoy sola
frente a tu balcón te veo,
riéndome como antes en tus ojos ámbar;
de rodillas rotas
de calles nuestras
de esperanzas en pausa.